Bale siente el vacío y se teme lo peor
Alejandro Alcázar
Bale se siente solo. El jugador del Real Madrid desfiló como un fantasma en el último acto publicitario de su equipo. Físicamente estaba, pero su espíritu se difuminaba en un recinto en el que sus compañeros eran cómplices de bromas, risas y confidencias en un ambiente festivo que él no compartió. Su espíritu se ausentó apartado en una esquina sin cruzar palabra con el resto. El galés se sabe señalado. Es el elegido para hacer caja y comenzar una reestructuración de una plantilla en la que no se integró. Y lo sabe.
Zidane le ha señalado con el banquillo. El francés se agarra a dos premisas: sus largas ausencias por lesión y la explosión de Isco, el nuevo referente creativo del fútbol español. Se ha cansado de esperarle, de ver a un futbolista huidizo en la disputa, temeroso de su cuerpo y complaciente con su estrella. Su potencial no es suficiente y lo ha comprobado. Ha cambiado el chip y se ha reivindicado en los últimos partidos con esfuerzo, solidaridad, arriesgando ese físico traicionero y aportando goles.
EL AVAL DE SER EL FICHAJE MÁS CARO YA ES PASADO
Pero puede haber llegado demasiado tarde a su deseo de cumplir el contrato firmado. Cuatro años que se escapan a su control porque las cuentas del club están adelantadas. Aspira a que Zidane le ofrezca la oportunidad de gracia en Kiev. De jugar una final que relance su autoestima y ponderar un “ahí queda eso” le vendan o no. Pero el galés no es Benzema. Es galés. No fueron a su casa a ficharlo. Y lo peor. Ese aval de ser el fichaje más caro en la historia del club es de otra época. Es otro mercado. Son otros tiempos.
A Gareth Bale se le acaba el oxígeno, pero no la vida. Su potencial es incuestionable y el Real Madrid no tiene delanteros que se acerquen a su perfil: velocidad, potencia y pegada. Lleva cinco meses sin lesionarse y sin esconderse. La afición le respeta, pero le ignora como él a las costumbres del país que le acogió. Lo prefieren antes que a Benzema, pero aceptará su salida si eso significa otra figura en el paisaje. Un Neymar, Hazard o Salah… Bale está lanzando un grito mudo pidiendo una última oportunidad, pero su tiempo se acaba, siente el vacío y teme lo peor.
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