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El día que se rompió la relación PSG-Messi

El club francés no solo perdió a uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos, sino que también manchó su salida con una campaña de desprestigio poco sutil

Messi no seguirá en el PSG: ¿y ahora, qué?

Messi no seguirá en el PSG: ¿y ahora, qué? /

Albert Masnou

Albert Masnou

Durante muchos meses, la relación entre Lionel Messi y el París Saint-Germain transitó por un camino estable. Si bien los resultados deportivos no acompañaban, especialmente en la Champions League, donde el equipo fue eliminado en octavos de final ante el Bayern de Múnich, desde los despachos del club se seguía creyendo que renovar el contrato de Messi era clave para el futuro. Así lo hizo saber Luis Campos, director deportivo del PSG, en una reunión que mantuvo en París con Jorge Messi, padre y agente del futbolista. En esa conversación, Campos fue claro: renovar a Leo era una prioridad directa del emir de Catar, dueño del club. No era una sugerencia, era una orden.

En esa misma reunión, Jorge Messi respondió con cautela. Agradeció la propuesta y la insistencia, pero pidió tiempo. La familia Messi quería conocer primero cuál sería el proyecto deportivo del PSG para la temporada siguiente. No era una cuestión económica ni una maniobra para ganar tiempo: venían de una nueva eliminación temprana en la Champions y no estaban dispuestos a continuar sin garantías de que el club construiría un equipo competitivo de verdad.

Aquella postura, firme pero respetuosa, no fue bien recibida en la cúpula del PSG. Desde ese momento, empezó a gestarse un cambio de actitud por parte del club, que interpretó el mensaje como un rechazo encubierto. Fue entonces cuando comenzaron a notarse ciertos gestos hostiles que culminarían, semanas después, en la ruptura definitiva.

El punto de no retorno llegó tras una derrota del PSG en el Parque de los Príncipes frente al modesto Lorient. En principio, el lunes posterior a ese partido iba a ser jornada libre para la plantilla, como venía siendo habitual en los ciclos semanales de entrenamiento. Messi tenía planificado, y comunicado con antelación al club, un viaje a Arabia Saudí por motivos publicitarios contractuales. Sin embargo, de manera inesperada, el club decidió cambiar el calendario y convocar al plantel para entrenar el lunes por la mañana. Lo hizo cuando Messi ya estaba volando rumbo a Oriente Medio, sin posibilidad real de modificar su agenda.

La maniobra fue evidente. Desde el PSG sabían perfectamente que Messi no estaría disponible ese día, y aun así mantuvieron la convocatoria sin notificarle directamente el cambio. El objetivo parecía claro: exponerlo públicamente, señalarlo como alguien que no respetaba las normas internas del club y alimentar un relato en el que él era el problema. Era un movimiento tan forzado como injusto.

Una grieta irreparable

A pesar de esa trayectoria impecable, el PSG optó por sancionarlo de manera ejemplar: suspensión de empleo y sueldo por dos semanas, prohibición de entrenarse con sus compañeros y exigencia de una disculpa pública. Messi, que solo quería volver a jugar y evitar que el escándalo creciera, grabó un breve vídeo pidiendo disculpas, en el que explicó con serenidad que había asumido que el lunes sería día libre y que el viaje había sido planeado hace tiempo. Fue un gesto más de paz que de culpa.

Pero la grieta ya era irreparable. Desde ese momento, la relación entre Messi y el club se rompió por completo. En los partidos siguientes, el argentino comenzó a recibir silbidos de los ultras del PSG, una parte radicalizada de la hinchada que, según informaciones surgidas en medios franceses, había sido alentada por sectores del propio club para hostigar al jugador. El divorcio era total. Las negociaciones por la renovación quedaron en punto muerto y, semanas más tarde, se confirmaría que no seguiría en París tras el final de la temporada.

Lo que empezó como un deseo explícito del emir de renovar al campeón del mundo terminó en un escándalo innecesario, mal gestionado y cargado de decisiones torpes. El PSG no solo perdió a uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos, sino que también manchó su salida con una campaña de desprestigio poco sutil y muy alejada del respeto que un jugador de la talla de Messi merece. Fue, sin duda, el día que se rompió la relación.