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El día que Cruyff le hizo un doblete al Oviedo... con el Levante: "Algún viaje se llevó Johan"

El neerlandés anotó sus dos últimos goles en España con el Levante ante los azules

"En los primeros metros seguía siendo imparable", recuerda Ondina

Ondina, con una foto de Cruyff en el Levante

Ondina, con una foto de Cruyff en el Levante / Guillermo García

Nacho Azparren

Oviedo

La relación del eterno Johan Cruyff con el Real Oviedo se limita a cuatro partidos y una sombra. Lo último es referido al célebre marcaje de Carrete, que logró lo que pocos habían conseguido: secar al astro neerlandés. Hubo tres batallas en Primera ante el Barça, con un saldo de un empate y dos derrotas para el Oviedo, pero de lo que no todos se acuerdan es de que hubo un capítulo más, el cierre de la historia de Cruyff ante el Oviedo. Tuvo como escenario la Segunda División y fue con el mismo cartel del choque que se disputa mañana: un Levante-Oviedo.

El 11 de abril de 1981 Levante y Oviedo, ambos en la zona media de la tabla, se midieron en Orriols, en lo que supondría, aunque en un escenario menos importante, la última gran actuación de Johan Cruyff en el fútbol español. Un doblete con poso: fueron sus dos únicos goles en la breve experiencia en el Levante y su despedida anotadora en España.

"Cruyff ya venía un poco abajo, no destacaba tanto, pero aun así tenía mucha categoría", subraya Antuña, uno de los jugadores del Oviedo que tuvieron más de cerca al atacante. El entrenador del Oviedo, Nando Yosu, optó en aquella ocasión por un once formado por Camuel; Juan Valdés, Ondina, Antuña, Vili, Domingo, García-Barrero, José Carlos, Pedro Serrano, Roales y Herbera. En la segunda parte, entraron Samos y Pulgar.

La vigilancia de Cruyff le tocó a los centrales, aquella tarde Antuña y Ondina. Se encargó el primero. "Normalmente me encargaba yo de los marcajes, pero contra Cruyff, no. Yo creo que el entrenador me tenía miedo", dice Ondina entre risas.

El fichaje estrella del Levante fue un bombazo en su época. Cruyff había dejado el Barça con la barriga llena de cumplidos para emprender la aventura en Estados Unidos. Y el Levante le reclutó en Segunda División en una operación poco entendible, ya que el club granota acumulaba una deuda inquietante con la Federación y adeudaba pagos a su plantilla. Cómo sería la cosa que los futbolistas hicieron huelga en plena negociación del fichaje de Johan.

Las partes empezaron a hablar en enero, pero el fichaje no se cerró hasta el 28 de febrero. El Levante se comprometió a pagarle a Cruyff 180.000 euros por cuatro meses de contrato, una barbaridad. El sueldo se sufragaría con el 50% de lo recaudado en las taquillas. Se incluía además que Cruyff gozaría del 50% de los beneficios de las instalaciones del Levante. A pesar del renombre del fichaje, la operación fue considerada en su época un escándalo.

Tampoco ayudaron las prestaciones del neerlandés, que no logró ser ni la sombra de lo que fue. Excepto ante el Oviedo. "Ya no se echaba tanto a la banda, le gustaba ir más por el centro", recuerda Antuña. "Yo creo que se equivocó el entrenador con un marcaje al hombre. Ya no era el Cruyff de siempre, pero seguía conservando esa magia que siempre tuvo, esos primeros metros en los que era imparable", razona Ondina.

Cruyff adelantó al Levante a los 20 minutos, en "una jugada personal con un tiro seco que sorprendió a Camuel", según crónicas de la época. Herbera anotó en el 51 y en el 59 para adelantar a los azules. Ya en el 90, igualaron los locales gracias a su estrella que "dribló a Valdés y Domingo".

El partido acabó 2-2. Cruyff anotó los dos tantos granotas. Herbera puso la réplica entre medias con otro doblete. Los centrales azules tuvieron un acercamiento diferente con el crack neerlandés, según recuerdan. "Al final del partido, Johan me dio la enhorabuena por haberle marcado sin hacerle ninguna falta", dice orgulloso Antuña. Lo de Ondina fue algo diferente: "Alguna le di, sí… Se llevó algún viaje. Una de estas que se te escapa por la banda y no te queda otra".

A Cruyff solo le quedaron cuatro partidos más antes de cerrar una temporada insulsa en el Levante. Pero después siguió brillando, tanto en el Ajax como en el Feyenoord. Aunque sus mejores días ya habían pasado, aún le quedaba fútbol en sus piernas de alambre. Ondina y Antuña lo vieron de cerca.