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LA MONTAÑA EN ARAGÓN

Los voluntarios, el orgullo de Canfranc

Unos 400 voluntarios sostienen la organización del Mundial de carreras de montaña de Canfranc con la asistencia a los atletas en los puntos de control y diversas tareas de atención y acompañamiento. La mayoría son nacidos y residentes en una población de 600 censados completamente volcada

Víctor López, primero por la izquierda, es el jefe del punto de control de La Moleta.

Víctor López, primero por la izquierda, es el jefe del punto de control de La Moleta. / SERVICIO ESPECIAL

Sergio Ruiz Antorán

Huesca

«Siempre digo que dimito y, como saben que no es verdad, me toman el pelo». ¿Cómo vas a dimitir, Basi? ¿Tú? ¡Imposible! Si cuando abres la boca se te llena de sentimiento al hablar de tu Canfranc, quiebras en emoción al sentir tu pueblo en el centro del mundo, donde siempre ha existido en tu corazón. «Y mira que ya somos conocidos por la nieve, por el tren, pero es que con esto... ¡Van a saber de nosotros hasta en Sudáfrica!».

Este joven espíritu de 70 años no se lo iba a perder por mucho que amenace con la jubilación. Ella es un estandarte, un ejemplo del enorme cimiento humano que sustenta la organización de la Canfranc-Canfranc y que se ha reforzado en el Mundial de carreras de montaña que, desde el pasado miércoles hasta mañana, acoge como en casa a 1.700 corredores de 70 países. Ese calor de más de 400 voluntarios es el verdadero fuego de este hogar internacional. «Estoy emocionada. Es que es mi pueblo. Es Canfranc, y estas carreras significan mucho, por el ambiente, por la ocupación y riqueza que generan y por el valor que se nos ha dado para otorgarnos un Mundial», sentencia Basi Izuel.

Su puesto de control fijo se emplaza en Canal Roya con «un grupo de diez amigos que nunca fallamos». El jueves asistió a los veloces del Kilómetro Vertical y el fin de semana no faltará a las grandes distancias de la Long Trail y la Classic. Como el resto de los 300 voluntarios ubicados en los cinco recorridos, casi todos oriundos del valle o con residencia, hace de todo. «Aunque esta vez las aguas y la comida se lo darán los ayudantes de las selecciones por protocolo sanitario», insiste Basi, como principal diferencia con la popular, en la que se pegan «cortando fruta o rellenando aguas» durante horas y horas de espera y charradeta.

El frío de la Moleta

Víctor asoma vigilante desde la cúspide de La Moleta (2.572 metros). Ese es su templo desde el primer aliento del bautismo de la maratón en 2007. «Entonces nos juntábamos un día antes, organizábamos el recorrido, lo marcábamos y a correr», recuerda López.

Montañero curtido, siempre se sube un frontal, agua, alimentos energéticos y su mejor ropa de abrigo. «Mira que he subido al Mont Blanc, pero aquí es donde he pasado más frío en mi vida. Hemos soportado de todo: ventiscas, nevadas, temperaturas bajo cero... «. Esta vez dice que va a ser poca faena. Compara los madrugones que se pega en la Canfranc-Canfranc, cuando hace noche en el refugio de Buenavista porque a las 4.00 de la madrugada empieza su jornada, y los miles de corredores dispersos con las no mucho más de dos horas que se va a pegar ahora .

Basi Izuel, con sus amigos, no se han querido perder el Mundial.

Basi Izuel, con sus amigos, no se han querido perder el Mundial. / SERVICIO ESPECIAL

La organización maneja a más de 400 voluntarios, la mayoría con callo pulido de muchas ediciones de la Canfranc-Canfranc, aunque han ‘fichado’ a 150 de refuerzo «con el único requisito de que supieran idiomas y tuvieran disponibilidad», desvela Beatriz Guado, responsable de voluntarios del Mundial, que trabaja con un grupo de coordinadores.

No todos son del lugar. «Tenemos un albergue reservado para cuarenta personas que no tienen domicilio en el Valle. Además, doce son extranjeros, gente que contactó con nosotros por redes sociales. Tenemos argelinos, argentinos, brasileños, canadienses, colombianos, ecuatorianos, franceses, indios, lituanos y una americana», enumera Beatriz.

De todas las edades, echan una mano en diversos palos, desde la atención en meta, protocolo de las ceremonias y premios, acompañamiento a prensa, equipo de ‘streaming’ o las personalidades, hasta apoyar en los alojamientos de los corredores, todos ubicados en Jaca, y los desplazamientos «para que todos lleguen a tiempo y nadie se pierda. El objetivo es que todos estén acompañados y atendidos para que su paso por Canfranc les deje buen sabor de boca».

Esa consigna brilla en la ilusión de los ojos de Basi y Víctor. Ambos coinciden en su inquebrantable veredicto: «Nunca hemos tenido ningún problema por el compañerismo entre nosotros y los participantes». Tienen miles de anécdotas. Ella recuerda cómo una vez le dejó sus pilas a un corredor para que terminara con su linterna frontal una carrera por la noche. Víctor narra escenas de rescates, alaba la colaboración con el ejército y el GREIM, y cómo han aprendido a hacer señales para que descienda un helicóptero.

Él, además, sabe perfectamente el jaleo que supone organizar cualquier cosa. Fue alcalde de Canfranc durante dos legislaturas. «En un pueblo tan pequeño, es esencial que el ayuntamiento se convierta en el verdadero dinamizador. En Canfranc todos nos hemos involucrado, incluso los veraneantes. Sin el apoyo de los voluntarios no se podría hacer, y sin el tirón del Ayuntamiento y del Club Arañones, tampoco», asiente Víctor López. «Esto es un orgullo para Canfranc, vivir algo así, no nos lo podíamos perder. Es una emoción para todo el pueblo», cierra Basi.

Vía: El Periódico de Aragón