MONTAÑISMO
Carlos Soria, el alpinista infinito que coronó un 'ochomil' con 86 años: "Nunca cierro círculos, seguiré escalando"
El aventurero español batió el récord de longevidad al alcanzar el 26 de septiembre la cima del Manaslu (8.163 metros) en Nepal: "No lo hice por eso, quería conmemorar el 50 aniversario de la primera expedición española"

Carlos Soria sobre su ascenso al Manaslu: "Ha sido más duro de lo que esperaba. Se me olvidó que tenía 86 años" / EFE

No hay nadie que haya llegado más alto que Carlos Soria (Ávila, 1939). No es una afirmación en sentido figurado, es la frase que describe la vida de un alpinista enamorado de las montañas, a pesar del sufrimiento que le han causado. Es la relación ambivalente que mantiene un deportista abrumado por alcanzar un hito que el resto de mortales ni siquiera puede imaginar. Dos años después de una grave lesión, en el Dhaulagiri, que casi pone fin a su carrera, acaba de convertirse, a sus 86 años, en la persona de más edad en coronar una cumbre de más de 8.000 metros tras hacer cumbre en el Manaslu (8.163 metros) en Nepal el pasado 26 de septiembre.
Hasta la fecha, Soria ha escalado doce de los catorce 'ochomiles'. Su palmarés, sin parangón en la historia del alpinismo, es si cabe más extraordinario por haberlo conseguido en parte después de los sesenta años. Coronó cimas tan duras como el K2 a los 65; el Makalu a los 69; el Kangchenjunga a los 75; y el Annapurna a los 77. Además, completó el desafío de las Siete Cumbres, la montaña más alta de cada continente, tras cumplir los 70 años.
La cima del Manaslu lograda esta semana cierra un círculo personal de 50 años. Soria formó parte del equipo que en 1975 realizó la primera ascensión española a esta montaña. En aquella ocasión, el alpinista solo llegó hasta los 7.000 metros, pero ahora, medio siglo después, ha regresado para escribir la última página de esa historia, que conlleva un nuevo récord mundial.

Carlos Soria, 86 años, a su llegada a la cima del Manaslu en Nepal. / LUIS MIGUEL LÓPEZ SORIANO / EFE
La familia, el "gran patrocinador" de la ascensión
"A mí me daba igual el récord en sí. De hecho, me di cuenta después de descender, al ver todo el revuelo que se había generado. Yo lo que quería era celebrar el 50 aniversario de la primera expedición española que alcanzó un ochomil (como se denomina a las 14 grandes montañas del mundo", explicó Carlos Soria en la sede de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de la Comunidad de Madrid. La institución que brindó una ayuda de 18.000 euros para cubrir la gesta del Manaslu. Soria echa de menos no haber recibido más reconocimiento por parte de, por ejemplo, el Gobierno de España.
Aunque los grandes patrocinadores "han sido mis maravillosas cuatro hijas y mujer", aseguró el alpinista, cuya misión tuvo un coste de 70.000 euros. La mayoría salieron de su bolsillo, aunque él prefirió hacerlo a su manera. "Conseguir patrocinios siempre es complicado. Una persona nos ofreció hacer una película, a cambio de pagar la expedición. Pero me hacía firmar un contrato por el que yo no podía utilizar ninguna de las imágenes. Y dime, mira, ya estoy al final de mi vida, a mí nadie me va a manejar. Quiero tener la libertad de hacerlo a mi manera", desveló Soria
Lo hizo acompañado de Luis Miguel López Soriano, compañero de expedición y realizador de un documental que verá pronto la luz. Aunque buscan ayudas para su edición y distribución. "Tengo la suerte de haber acompañado a mi amigo Carlos durante muchos años. Hemos estado juntos en cumbres como el Manaslu o el Aconcagua. He tenido la gran fortuna de ser testigo de su acción de cerca. Desde hace tiempo estaba la idea de hacer un documental: había que contar la historia, devolver lo que las montañas nos habían dado", relató otro de los componentes de un grupo selecto.

El montañero español Carlos Soria. / EFE
La aventura se contará en un documental
"Ahora es el momento de editar y montar ese gran documental que Carlos se merece. Subimos juntos a la cumbre, con Pedro Mateo. En la bajada casi no podía narrarle lo que había visto, estaba tan emocionado que apenas me salían las palabras. Realmente, había que contarlo", añadió el miembro de una expedición que tuvo su segundo gran reto en el descenso. Una parte tanto más decisiva que el ascenso, por la exigencia física que conlleva.
Fui un niño de la posguerra que empezó a trabajar a los 11. Estoy acostumbrado a la vida dura. Aguanto y he aguantado todas estas cosas
"Los descensos son muy duros, con mucho cansancio, y normalmente más complicados que la subida. Me di un golpe en el brazo y en el campo 3 decidimos pedir un helicóptero. Merecía la pena: bajar puede ser más peligroso porque estás agotado. No es lo mismo que subir. Tengo una prótesis en la rodilla izquierda; apenas llego a 90 grados y en las bajadas me cuesta mucho. Además tengo problemas en el tobillo por un accidente a 7.700 metros, cuando me fracturé tibia y peroné. No es como cuando tenía 40 o 50 años. Lo supero y lo llevo con dignidad, pero bajar siempre me resulta más peligroso", desgranó Carlos Soria, tras una pregunta de este medio.
La relación del alpinista abulense con las cumbres empezó en la sierra de Guadarrama a los 14 años, mientras iniciaba su carrera como tapicero, un oficio que mantuvo hasta su jubilación. "Fui un niño de la posguerra que empezó a trabajar a los 11. Estoy acostumbrado a la vida dura. Aguanto y he aguantado todas estas cosas. Tuve que dejar el colegio, por que entonces era más importante comer que estudiar. Pero estoy encantado de mi vida. Quiero conservarla el máximo tiempo posible. No hago locuras; es parte de mi manera de vivir y de entender la vida. Y hasta ahora estoy encantado", resumió Soria.
¿Nuevos retos para Carlos Soria?
Sobre si esta será su última aventura, con su familia en el auditorio, fue tajante: "Yo no cierro los círculos, los dejo abiertos. Quizá no vuelva a un 8.000, pero voy a seguir escalando. Es lo que me gusta. Espero escalar hielo bastante y seguir subiendo montañas. No hay círculo cerrado de nada: intento vivir la mayor parte del tiempo posible y vivir como me gusta. Tengo una familia maravillosa que me lo facilita". Ese sentido, de camino por andar y de marcha infinita, se verá reflejado en el documental del que Luis Miguel López Soriano dio un pequeño aperitivo.
“En el tráiler utilizamos una metáfora: los molinillos de oración del Himalaya, que siempre giran y giran, con sus oraciones dando vueltas de 360 grados. Esta historia es como uno de esos molinillos: ha dado una vuelta completa, ha hecho un ciclo… pero nunca dejará de girar. Girará para siempre", concluyó el acompañante de Soria en una aventura que concluyó en el mejor sitio posible. En Sama, a los pies del Manaslu, donde colaboró durante años en el desarrollo de la escuela local y conserva grandes amistades. "Todo el mundo sabía quién éramos, no hay mayor reconocimiento que ese", rememoró Soria, para quien el único gran reto que ahora tiene entre manos es "seguir viviendo como me gusta".
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