Opinión

Colaborador de SPORT
La vida de Lamine Yamal

Lamine Yamal en una acción de LaLiga 2025/26 / Valentí Enrich
No lo duden: Lamine Yamal ha aprendido mucho esta semana. El jugador del Barça, que es listo, ha podido comprobar de primera mano lo caníbal que puede resultar el negocio. Hay tantos intereses en tantos ámbitos que cualquier palabra suya, o sea, de uno de los mejores futbolistas del mundo, puede llegar a convertirse en una cuestión de estado.
Este es, sin embargo, un episodio más de aprendizaje en la vida de este adolescente que, por su talento, vive continuamente bajo los focos de la gente y de los medios de comunicación. Todo el mundo sabe si se marca un baile junto a Nico Williams, si pasea junto a su novia o si gana o pierde en el show de la Kings League. Prensa generalista, deportiva, rosa, las redes sociales... todos andamos tras sus huellas. La tradición aconseja discreción pero, sin duda, al 10 azulgrana le interesan poco las normas del sistema.
De repente, todo el mundo se ve capacitado para darle consejos. Todos tienen claro que la pubalgia que padece tiene que ver con una supuesta mala vida y se atreven a decirle lo que tiene que hacer para llegar a sentarse en la mesa de Messi aunque, realmente, nadie conoce sus intenciones, quizás ni el propio Lamine Yamal, sobre si el fútbol va a ser su única obsesión o simplemente parte de una vida con más alicientes e inquietudes. Lo mismo sucede con la familia. Hay unanimidad en que algunos comportamientos y la permanente exposición de su padre no le favorecen. Pero, ¿de verdad creen que Lamine Yamal tiene que responder por lo que hace su padre o cualquiera de sus familiares?
El sistema ha vivido lejos del futbolista pero ahora pretende controlarlo. Casi nadie se ha preocupado por los gritos racistas que ha escuchado desde niño o por dar oportunidades a la gente humilde y/o racializada de sus barrios de origen. Ese pasado, esa lucha, esa rebeldía son hoy Lamine Yamal Nasraoui Ebana, una personalidad a medio terminar que va a cerrarse a partir de sus propias experiencias. Así ha construido su vida, lejos de lujos y burbujas familiares y cerca de la dureza de la calle. Hay que ser muy especial para sobrevivir a esta nueva realidad pero él lo va a intentar, aunque sea a contracorriente, siguiendo el camino que le ha traído hasta aquí, por cierto, con gran éxito.
Sin embargo, nada de lo dicho anula la obligación del Barça, la institución que lo ha acompañado desde los siete años y que a los 12 lo acogió en La Masía, y a quien le debe casi todo, de exigirle la máxima profesionalidad. Para los que piden que se fije en Messi les recordaremos que cuando Pep Guardiola llegó al banquillo azulgrana en 2008 tomó decisiones drásticas con algunas de sus compañías en el vestuario y con determinados hábitos personales. Con el argentino, que entonces ya tenía 21 años, todo salió bien. Lamine Yamal solo tiene 18, una edad maravillosa para seguir aprendiendo a base de equivocarse y rectificar.
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