Opinión

Coordinador de Barça.
Vender bien no es una deshonra

Nico, otro talento azulgrana que busca su hueco en el City / JUANJO MARTIN / EFE
Ya sea con traspasos de jugadores del primer equipo o bien con salidas del filial o la cantera, el Barça está condenado a hacer caja vía mercado si quiere disponer de una partida económica competitiva para reforzar su plantilla de futuro.
El problema ya no radica en traspasar a jugadores formados en La Masia o incorporados al filial, algo recurrente en las últimas temporadas, sino en las dificultades del club para explicar a la masa social unas operaciones tan necesarias como impopulares en el ADN culé.
Vender a Mika Faye o Julián Araujo el pasado verano, ingresar un porcentaje por la llegada de Nico al Manchester City o Chadi Riad al Crystal Palace, y soñar con la ‘palanca Todibo’, a modo de simples ejemplos, no convierte al Barça en un club vendedor.
La necesidad apremia y toca adoptar decisiones valientes por complicadas que sean. De hecho, la dificultad verdadera no reside en dar salida a según qué jugadores de la cantera, sino en la inoperancia para explicar sin sonrojarse que el Barça actual depende en buena medida de los traspasos para ilusionar con nuevas llegadas. Así de fácil.
LaLiga no perdona y el Barça lo sabe con sobrada experiencia. Está peleando en inferioridad de condiciones respecto a otros transatlánticos. Tampoco nos engañemos, la situación es una derivada directa de la pésima gestión llevada a cabo entre unos y otros.
El Real Madrid juega en otra Liga salarial, pero clubes como el PSG, obligados a recortar casi el 50% su masa salarial en los dos últimos años, aún presume de manejarse con una partida de 500 millones de euros.
Es imprescindible entender que el Barça, como todos los clubes, incluido el eterno espejo del Real Madrid, están condenados a vender: unos por necesidad y otros para dar salida profesional a unos futbolistas que no tienen cabida en el primer equipo. Y ahí sí es necesario aplicar los cinco sentidos. Firmar a Faye, venderlo en meses y generar una plusvalía millonaria es una virtud, no un defecto. Y poco más o menos lo mismo con el resto de ejemplos citados con anterioridad.
Es hora de sacudirse complejos, de ser transparentes y entender que la economía actual exige aumentar los ingresos a través de todas las vías disponibles. No va de ADN ni de etiquetas, va de ser realistas y conseguir los recursos necesarios para reforzar el equipo y no repetir ridículos en las inscripciones.
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