Opinión
Cuando todo tiende a ser irreconocible

Joan Laporta y Hansi Flick el día de la firma de la prolongación del contrato del entrenadsor del FC Barcelona / FC BARCELONA
El partido ante el Girona no fue solo una victoria: fue la radiografía de la temporada. Una de esas imágenes que revelan la realidad de este equipo que nos ilusionó el año pasado. El Barça está jugando (por decir algo) sin la convicción de quien alguna vez creyó en la presión alta, en la recuperación tras pérdida, en esa danza coral que convertía al rival en un espectador atónito.
Hoy, cuando el balón se va, también se va el espíritu. No todos corren, ni empujan, ni creen ciegamente en los automatismos que antes salían naturalmente. El Barça se rompe en dos con demasiada facilidad, el equipo ha visualizado la fragilidad en sí mismo.
Pedri, el alma de Íñigo y que vuelva Joan García
Y eso que el Girona, tan modesto como irreconocible durante este inicio de temporada, ofreció el contraste perfecto: un equipo que pareció saber cómo jugarle al Barça, frente a otro que, por momentos, parece olvidarse.
Lo de Montjuïc fue un espejo cruel, donde el conjunto blanquirrojo perdió la oportunidad de guillotinar a los blaugranas en el primer periodo. Donde antes había hambre, ahora hay digestión lenta. Donde antes había método, hoy hay melancolía. Se salva siempre Pedri, nos falta el alma de Íñigo y rezamos para que vuelva Joan García.
Flick se laportizó
Flick, que llegó como el hombre del orden, la precisión bávara, la sonrisa contenida y el libreto teutón, se laportizó el sábado con sus cortes de mangas al cielo; no habíamos visto, hasta ahora, que el técnico perdiera la compostura y la identidad de tal manera. Nos puede hacer gracia, podemos cargar (con razón) contra Gil Manzano por su anticulerismo visceral, pero no es la imagen del entrenador que deseamos. Eso sí, Cruyff sobrevoló por la montaña olímpica para salvarnos con la versión Alexanko que visualizó Flick con Araujo.
El problema no es sólo estético. Ni el equipo ni el entrenador parecen hablar el mismo idioma que el año pasado. Es verdad que las lesiones están asolando al equipo, pero no debería ser la excusa. Hemos perdido la presión coordinada, las transiciones rápidas, la agresividad táctica. Lo único coordinado, de momento, son los suspiros tras ver que los rivales llegan fácilmente a nuestra portería partido tras partido como si fueran un cuchillo insiriéndose en la mantequilla.
Laporta vuelve a ser Laporta
Y mientras tanto, en los salones dorados del poder, Laporta vuelve a ser Laporta: el Rey Sol del Barça, un rey cada vez más desnudo, el Puto Amo, al que se le empieza a ver todo, pero le da absolutamente igual.
La asamblea fue su ópera bufa, un ejercicio de retórica autocomplaciente con aroma a incienso institucional. Los compromisarios ni pinchan, ni cortan, porque todo va bien, somos modélicos en todo, aunque la realidad huela a pólvora. A quien pide explicaciones, se le hace caso omiso. Su discurso es el espejo de su presidencia: brillante para los forofos, asolador para la transparencia y la gestión de la entidad.
Pide confianza plena en él con esa mezcla de carisma y teatralidad que lo hace irresistible para sus feligreses, pero cada vez tiene menos porque hay demasiadas dudas. Un día no será un socio, será un fiscal quien pedirá explicaciones y allí no bastará su deje coloquial de 'cuñao' divertido.
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