Opinión

Redactor de Barça
Ter Stegen y el factor humano

Ter Stegen dio marcha atrás en el conflicto con el club / Valentí Enrich / SPO
La escritora Llucia Ramis dice que cada familia es el mundo. No un mundo, [¡matiz importante!] sino la humanidad entera. “Quien entiende la propia familia es capaz de entenderlo todo”. Es una reflexión que también sirve para comprender lo que ocurre en un vestuario o un club de fútbol.
Flick recurre a menudo a la palabra familia para explicar su día a día en el Barça. Lo hace solo para resaltar la idea de vínculo y unión, pero en un vestuario también intervienen pequeñas mezquindades igualmente humanas. Flick ya ha vivido algunas, a pesar de la buena salud del grupo. Uno de los episodios más incómodos fue el pulso de Ter Stegen con el club las últimas semanas o la gestión de la portería el curso pasado.
No es el primer caso de tensión entre un capitán con su club o entrenador. La figura del capitán, y lo que se le presupone al cargo, choca a menudo con la naturaleza egoísta de los futbolistas y los intereses despiadados de los clubes. No es solo culpa del jugador: el deportista que ha llegado a este nivel ha comprobado que, para hacerse un hueco en un mundo tan ultracompetitivo e individualista, a veces hay que sacar los codos.
Es algo que ven desde pequeños: cada verano hay una criba de futbolistas. Crecen formando parte de un sistema que recuerda a la crueldad de la selección natural. Pero llevar el brazalete, en la teoría, supone aceptar unaS obligaciones: la primera poner al colectivo por delante de sus intereses.
Es una posición particularmente conflictiva. Sobre todo cuando el capitán en cuestión sufre un cambio de rol brusco en el equipo. Entonces cuando llegan los problemas. La capitanía se asocia a futbolistas con una aportación clave en el equipo, una posición que -de algún modo- les da mayor legitimidad ante sus compañeros. Así que muchas veces los conflictos llegan cuando, un capitán que era indiscutible, pasa a ser una figura más secundaria.
Es un movimiento que muchos de estos futbolistas con galones no gestionan bien. Y es entonces cuando más difícil es mantener esas obligaciones que vienen con el cargo. Estar pendiente del colectivo es mucho más fácil cuando uno se siente importante, y está contento con su rol, que cuando llega la frustración personal.
Futbolistas que han llevado el brazalete del Barça como Xavi o Piqué han reconocido las dificultades de adaptarse a esta nueva situación, aunque su caso fue muy distinto al de Ter Stegen. El vínculo del alemán con el club, además, es diferente al no ser formado en la casa. El meta acumulaba agravios por lo que consideraba una actuación desleal del club en los últimos meses. Ter Stegen no entendió la falta de comunicación del club, que fichó a Joan Garcia y anunció la intención de renovar a Tek mientras estaba de vacaciones.
Tampoco le sentó bien que aireara episodios que considera que formaban parte de la confidencialidad de un vestuario y perjudican a su imagen. Una situación insostenible que terminó con Ter Stegen aceptando firmar el informe médico que el club iba a enviar a LaLiga y un cara a cara con Laporta. El factor humano fue otra vez decisivo para que la herida no se hiciera más grande en un vestuario que, para lo bueno y lo no tan bueno, nunca dejó de ser una familia.
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