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Ter Stegen, una década que merece claridad

Ter Stegen en la final de la Copa del Rey.

Ter Stegen en la final de la Copa del Rey.

Ni el trasvase de Joan García del Espanyol al Barça ni lo que vaya a durar, si es que se acaba produciendo, el aterrizaje de un extremo al actual campeón de liga. Nada, salvo sorpresa mayúscula, va a generar tanto lío como el efecto colateral de la operación en la portería: el posible adiós de Marc-André Ter Stegen al club del que es capitán y en el que ha permanecido los últimos once años. Y digo “posible adiós”, porque está por ver. Se mueven tres años de contrato de por medio y más de 40 millones firmados.

Vaya por delante que apruebo la determinación del Barça de atacar el fichaje de Joan García, un caramelo en el mercado. Por calidad, por presente y por proyección. Viendo a Czcesny en el tramo final y el año en blanco de Marc, era defendible la adquisición de un portero top. Eso, ya de por sí, le abría la puerta de salida al alemán, un tormento ante la suplencia. Si hace nueve años, se marcó un “o Bravo o yo”, esta vez tampoco iba a tragar con el banquillo. Como tampoco digirió su no inscripción en Europa tras haberse recuperado. Pero seamos justos. Ter Stegen, renovado por Joan Laporta en 2023 para diferir salario, no merece una campaña como la que le han hecho en redes ni, por supuesto, que alguien aproveche el ruido para filtrar presuntos desacatos del cancerbero. La clave de la decisión no es mover la cola para jugar en Milán o no querer hablar para celebrar la Liga. Lo importante es que Hansi Flick no le quiere y no va a jugar. Por falta de “feeling”, algo que ambos arrastran de la selección, y porque cree que ya no va a estar al nivel necesario. Es lo que hay. Y eso es lo que hay que contarle a Marc-André. Sin hastags virales ni coartadas de serie B. Sencillo. Como él resolvió lo de Bravo.