Opinión

Redactor de la sección Barça
La Superliga está destruyendo al Barça

Joan Laporta llega al Camp Nou para la reunión de financiación del 'Espai Barça'
El coronel Trautman, escondido en una trinchera junto a John Rambo, no lo tiene claro. El ejército ruso avanza hacia ellos y les pide la rendición. El veterano militar tira del comodín de la pregunta para interpelar a su amigo: “¿Se te ocurre algo?”. La respuesta es historia del cine: “Podemos rodearlos”. La escena, de ‘Rambo III’, sirve como metáfora perfecta para describir el momento que vive el Barça.
Atacado por tierra, mar y aire, el club ha optado por aceptar el combate cuerpo a cuerpo. El problema es que ni Laporta es Rambo ni Yuste es Trautman ni, por supuesto, los problemas de la entidad surgen de la mente de un guionista por mucho que en Twitter alguien se disfrace de soldado.
El Barça atraviesa un momento de extrema debilidad y, en casos así, la diplomacia es la única salida porque quienes gestionan el club deben tener muy claro que esta guerra no la van a ganar, pero sí está en sus manos no perderla. Para ello, antes, deberán quitarse la camiseta imperio, atarla a un palo y agitar la bandera blanca. Ha llegado el momento de usar la única carta que le queda a Laporta y que responde al nombre de Superliga. Esa competición fantasma liderada por Florentino Pérez, hasta el momento, solo ha servido para crearse enemigos y generar una montaña gigante de problemas de difícil resolución. Paradójicamente, la actual posición del Barça puede transformarse en un as que, bien jugado, puede ser ganador.

Ceferin y Joan Laporta, juntos pero no revueltos / EFE
Ceferin, a través de un mensaje explícito, mostró el camino que está a punto de tomar la UEFA respecto al caso Negreira, “una de las situaciones más graves que hoy haya visto en el fútbol”. Quedarse fuera de la Champions sería un drama de consecuencias imprevisibles y el Barça no puede seguir instalado en el cuento de la lechera que supone seguir defendiendo la Superliga. Nadie ni nada está por encima del club y ha llegado el momento de pensar en él. Ello pasa por marcar el número de teléfono de Ceferin y ofrecerle lo que pide a gritos: el cadáver de una competición que hoy no existe. Este gesto también ayudaría a destensar la relación con Javier Tebas y su obsesivo control sobre la masa salarial de la plantilla.
Encadenarse a Florentino Pérez, sobre todo tras su traición al personarse como acusación en el caso Negreira, es incomprensible. El Barça no le debe nada y (lo contrario sería un escándalo sin precedentes) sus dirigentes tampoco. Laporta lo tiene muy fácil para acabar con esta guerra que está destruyendo a la entidad;huir de la Superliga es urgente e ineludible.
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