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Ivan San Antonio

Ivan San Antonio

Redactor de la sección Barça

Que la sigan robando...

Es la única fórmula que tienen para parar a un club eterno que hace del fútbol algo mucho más bello

Ancelotti y Alguacil se juegan un sitio en la final de la Copa del Rey

Ancelotti y Alguacil se juegan un sitio en la final de la Copa del Rey / EFE

Ya la tienen, ya están ahí, en una final de Copa a la que han llegado tras llorar mucho y celebrar como gestas lo que fue un penalti no pitado de Lunin a Swedberg y otro no señalado de Vinicius a Kubo en un partido en el que también necesitaron que nadie observara el fuera de juego posicional de Mbappé que acabó en un córner y que, a su vez, acabó en gol para el Real Madrid. Los blancos han hecho del supuesto error arbitral una forma de vida, son la institucionalización del atraco futbolístico primigenio. 

El pollo que montaron cuando cayeron ante el Espanyol por una supuesta roja que debió ver Carlos Romero por una fea entrada a Kylian no tiene precedentes y, de hecho, les importa más el ruido que la justicia. Algo, por otro lado, lógico porque lo que buscan no es la equidad, sino ser beneficiados siempre y bajo cualquier circunstancia. Forma parte del ADN de un club que ha construido su leyenda a base de Copas de Europa de la que fueron fundadores y elegían entonces sede y rival.

Carlo Ancelotti y Hans-Dieter Flick se verán las caras en La Cartuja

Carlo Ancelotti y Hans-Dieter Flick se verán las caras en La Cartuja / EFE

El Barça está en el punto de mira del madridismo sociológico hoy más que nunca porque ese mismo movimiento identitario no entiende qué pasa en el club blaugrana. Los daban por muertos, pero en realidad solo estaba rearmándose, el término de moda en una Europa sumisa al gran poder capitalista, a través de la mayor fuente productora de talento del mundo, La Masia. No contaban con ello, no podían ni siquiera llegar a imaginar que el Barça no solo no viviría una larga travesía por el desierto, sino que sería agua entre la aridez de un fútbol cada vez más gris y monótono, ajeno a la genialidad.

El Barça tiene a Lamine Yamal, el héroe inesperado tras veinte años de dictadura ‘messianica’, esta sí, una autocracia autorizada por su excepcionalidad. El Real Madrid y todos sus poderes fácticos han puesto la maquinaria en marcha, la que se ve y la que no se ve, que es la más peligrosa (de ahí el atraco al Leganés o, lo visto y dicho ya en este artículo, en la Copa). Tienen miedo y es lógico que así sea porque el Barça, el primer equipo de fútbol masculino del Barça, se entiende, ha encontrado el rumbo que indicaron Koeman y Xavi en momentos muy oscuros hacia la luz.

Lamine Yamal contra el Girona

Lamine Yamal contra el Girona / Valentí Enrich / SPO

“Una vez más, dos veces más, tres veces más...”, cantaban Violadores del Verso en ‘Intro 97’ de ‘Genios’, el mejor disco (llámenme ‘boomer’) del mejor grupo que parió el rap en castellano. Tantas como haga falta. El Barça fue, es y seguirá siendo. Y a quienes les pese, parafraseando a Maradona, que la sigan robando, que será la única fórmula que les queda para parar a un club eterno que hace del fútbol algo mucho mejor.