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Ernest Folch

Ernest Folch

Colaborador de SPORT

Salvar al soldado Olmo

Pau Víctor y Dani Olmo, a la espera de su inscripción

Pau Víctor y Dani Olmo, a la espera de su inscripción / Valentí Enrich

El árbol de la inscripción de Dani Olmo está tapando otra vez un bosque trascendente. Dejaremos para otro día la enésima improvisación, el enésimo funambulismo sobre la bocina de un presidente que ha llevado a su máxima expresión el arte de llegar vivo al último minuto, la enésima palanca ‘in extremis’ y el enésimo viaje a Oriente Medio: se ve que ahora el flirteo institucional con dictaduras infames ha dejado de ser un problema para cierto barcelonismo con doble moral que incendiaba el club por la Qatar Foundation pero en cambio celebra ahora los palcos VIP malvendidos a oscuras empresas saudíes. Sí, dejaremos para otro día el cambio de paradigma social, institucional y moral que está transformando el Barça, e iremos a lo que en el fondo y de momento importa a la masa social, la famosa pelotita y los jugadores que tienen que mimarla.

Porque en el centro de este último vodevil ha quedado en segundo plano un jugador extraordinario llamado Dani Olmo, uno de los grandes fichajes de la última década, que aterrizó este verano como una segunda opción tras el fiasco de Nico Williams y que, sin embargo, disparó el nivel del equipo a una velocidad como solo lo consiguen los grandes ‘cracks’. Olmo demostró desde el primer minuto que es un futbolista destinado a marcar una época, un ‘rara avis’ capaz de asistir, regatear y marcar a partes iguales, conocedor del juego de posesión y, a la vez, intérprete libre del ADN blaugrana.

En este ‘baby Barça’, que oscila entre adolescentes y ultraveteranos, Olmo (26 años) es de los poquísimos futbolistas que se encuentra en la edad justa de su explosión, que combina la experiencia con la fuerza en su justa medida. A parte de Lamine, es quizás el jugador más influyente de la plantilla, como demuestran los datos: el equipo fue temible mientras Olmo se divertía y jugaba todos los minutos. Tras su lesión, el rendimiento del Barça ha caído en picado, coincidiendo con su desaparición del equipo titular. Dicho de otro modo: si Olmo funciona, el Barça funciona. Es cierto que tiene una preocupante tendencia a lesionarse y tarda en recuperar la forma, pero también cabe preguntarse si en sus últimas actuaciones a medio gas no ha influido también el desconcierto derivado de su inscripción.

No hay que olvidar que Olmo se perdió, por el mismo motivo, las dos primeras jornadas de Liga: no parece que la incertidumbre sobre su futuro más inmediato ayude a que esté 100% concentrado en su trabajo. Salvar al soldado Olmo, pues, no es ninguna anécdota. El ‘show’ derivado de la inscripción es solo la parte más visible del gran iceberg de la gestión amateur del club, pero mucho ojo porque el ‘caso Olmo’, más que un asunto institucional, es un asunto deportivo. El objetivo es que el nubarrón pase rápido, no afecte al rendimiento del jugador y este encuentre la tranquilidad para volver a ser el que era a principio de temporada. Recuperar al mejor Olmo es sinónimo de aspirar a todo.