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La rebelión de los árbitros

Los árbitros se reúnen en medio de la 'crisis'

Los árbitros se reúnen en medio de la 'crisis' / RFEF

Muy probablemente, aquellos que pronosticaron que con la llegada del VAR todo se iba a aclarar no se imaginaron que se continuaría hablando de los árbitros como si todo siguiera igual. Si bien hay muchas jugadas que se aclaran gracias a este sistema, aunque a veces con una milimétrica y ridícula precisión, se anulan goles que antes el ojo de un juez de línea no hubiera anulado. Las repeticiones de una jugada se siguen viendo según seas de un equipo o de otro, con la subjetividad y la falta de imparcialidad que genera la pasión por los colores.

Históricamente, en esto del fútbol todos los equipos y todas sus aficiones se han quejado de los arbitrajes. Tiene su lógica. Analizándolo bien, los árbitros imponen a ritmo de pito unas normas que casi siempre interrumpen una jugada prometedora, sancionan una entrada que para unos es criminal y para otros, fortuita, deciden pitar posiciones no reglamentarias que habrían acabado en gol, añaden demasiados minutos para el criterio de la afición que está ganando y muy pocos para la contrincante, en definitiva el árbitro es un 'cortarrollos' permanente que cuando no fastidia a un equipo joroba al otro. Partiendo de esta base, es normal que no tengan amigos. En los estadios, se entiende.

Otra cosa es sospechar que son personas corruptibles o susceptibles de ser manipuladas si las decisiones gustan o no a ciertos equipos que manejan el poder. Ahí la cosa ya salta a lo extradeportivo y entonces la razón de ser del arbitraje se echa a perder. Oír hablar de Negreira o de coacciones al comité por parte del Real Madrid según la actuación del árbitro es alarmante y se debería atajar. 

Ahora parece ser que haber expulsado a Bellingham por haber faltado a Munuera ha provocado un seísmo tal que será difícil ver a otro árbitro repetir la decisión del jiennense. ¡Ojo! O no: a lo mejor se repite porque aquella carta del 'tito Floren' quejosa con los árbitros ha apelado al orgullo arbitral, y a partir de ahora el miedo a las represalias ha desaparecido de una vez.