Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Javier Giraldo

Javier Giraldo

Subdirector.

Al Real Madrid se le desmonta el chiringuito

Vinicius, en el Bernabéu

Vinicius, en el Bernabéu

No hubo ni manicomio ni caos ni locura. Ni espíritus mágicos ni miedos escénicos. Cuando empezó el partido y el fútbol tomó la palabra entre tanto ruido, al Real Madrid se le cayó el invento. Ante el Arsenal quedaron en evidencia todas sus carencias, las que arrastra desde el principio de la temporada.

Es un equipo descompensado y sin solidez, encomendado únicamente al oropel de Kylian Mbappé. Se llenaron tantas páginas con el fichaje de Mbappé que ahora que está en Madrid, plenamente instalado y hablando un correctísimo castellano, todo sabe a poco.

Fueron muchos los que dijeron que con Mbappé, el Madrid sería un equipo absolutamente indestructible. Ganarlo todo no iba a ser un reto, sino un simple trámite. Se equivocaron de lleno. En el fútbol actual sirve más el trabajo, el espíritu de equipo y el esfuerzo diario que el nombre, el palmarés o el marketing.

Al Madrid, como a esos chiringuitos de playa que se montan y desmontan cada verano, le faltan cimientos. No era difícil verlo en el arranque de la temporada. Sin Kroos, el Madrid perdía la batuta, una referencia fundamental. Pero desde los despachos del Bernabéu lo fiaron todo a la 'carta Mbappé' y a un jugador que se iba a comer el mundo y a ganar varios Balones de Oro, de nombre Vinicius. Qué importa el fútbol, qué importa el centro del campo, qué importa el plan de juego; debieron de pensar Florentino y sus colaboradores.

Si el Madrid tenía un plan de juego para recibir al Arsenal, no se vio por ningún lado. Fue simplemente una cuestión de fe, un partido con mucho envoltorio pero poca sustancia. Llegados a este punto, los fácil es culpar a Ancelotti, acusarlo de ser demasiado blando y de no saber reaccionar a tiempo.

Pero lo cierto es que los problemas del equipo empiezan desde la planificación deportiva. ¿Quién es el creador de juego? ¿Por qué existe tanta desconexión entre centrocampistas y delanteros? ¿Por qué los laterales no están a la altura y no tienen recambios de garantías? ¿Por qué los futbolistas de buen pie y buenas ideas como Modric, Ceballos, Brahim o Arda Güler tienen un papel tan residual?

Cuando un equipo genera tantas preguntas y tan pocas respuestas, el problema es evidente. Pero para intentar solucionar un problema, primero hay que admitir que el problema existe. Y en el palco del Bernabéu llevan demasiados meses con una venda en los ojos.