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Marc Marín

Marc Marín

Redactor de Fútbol.

Quieren al Espanyol en Segunda (otra vez)

Lo del gol del Atlético y el partido de Mestalla en 2023 se queda muy corto al lado de lo vivido en Son Moix

Imagen del Mallorca-Espanyol

Imagen del Mallorca-Espanyol / RCD Espanyol

Mucho estaban tardando los árbitros en repetir las polémicas decisiones que condenaron al Espanyol a Segunda División hace dos temporadas. El cuadro de Manolo González cayó en Son Moix en un partido con hasta CUATRO penaltis en contra señalados y uno a favor no pitado.

Todavía siguen grabadas en la memoria de los pericos aquellas decisiones de la temporada 22/23. Aquel gol concedido al Atlético de Madrid después de que el VAR, sin una cámara que demostrase que el balón había traspasado la línea, decidiera dar por válido pese a que el colegiado lo anulase en primera instancia. También el gol invalidado a César Montes en la penúltima jornada frente al Valencia que, finalmente, supuso el descenso matemático del Espanyol.

Pues bien, tras regresar un año después a Primera División, los árbitros podrían volver a tener la palabra en el devenir del club blanquiazul. Lo vivido en Son Moix sobrepasa todos los límites. Los protagonistas, cómo no, Quintero González y Del Cerro Grande (sí, otra vez Del Cerro Grande, "el mismo de Mestalla").

El Espanyol se había adelantado en el marcador con un tanto en propia puerta en el que nada pudo revisarse desde el VAR. No había opción de anularlo. Pero luego llegó el penalti de Omar El Hilali sobre Mojica. Dudoso, pero perfectamente pitable porque el marroquí llega tarde. Apareció entonces Joan García para salvar al equipo.

Pudo ampliar distancias el Espanyol, pero Quintero González y su compañero en el VAR decidieron que esta vez, el mismo leve contacto que se produjo en área perica, no iba a ser suficiente en área bermellona como para pitar falta de Mojica -que levanta la pierna- sobre Jofre Carreras. Instantes después llegó el empate de Asano.

Una tarde surrealista la que estaba viviendo el Espanyol en Mallorca. Pero todavía podía ir a peor. Y así fue. Con muchas ganas pitó Quintero González un penalti por mano de Kumbulla. Ni medio segundo tardó en llevarse el silbato a la boca. Claramente, el balón venía rebotado del pie de Muriqi y la mano estaba en una posición natural. Invalidado.

Pero las ganas de pitar otra penalti, el cuarto, seguían. Corría el minuto 87 cuando Cabrera toca levemente la espalda de Abdón, que se deja caer como si hubiese recibido un empujón de dimensiones incalculabes. Y de nuevo, Joan García iba a salvar al Espanyol, o eso creía Manolo González. Seis ¡SEIS! minutos después de fallar Abdón Prats la pena máxima, Del Cerro Grande avisó a Quintero González. Buscó y buscó, hasta que encontró una ¿mano? de Cheddira.

Entre interrogantes, porque realmente nadie sabe qué pitó el colegiado. El rechace del penalti lo había cazado Valjent después de haber entrado en el área antes de tiempo (igual que Kumbulla, que no toca el balón), algo que no vio, o no quiso ver, Del Cerro Grande desde el VAR. Habían añadido ocho, se pitó la pena máxima en el 87 y no marcó Muriqi hasta el 97'. Pues bien, Quintero González señaló el final en el 99'. De ocho de añadido, se jugaron dos. Una serie de decisiones que por individual podrían considerarse fallos aislados, pero que analizados de forma conjunta y viniendo de quien vienen, huelen muy, muy raro.