Opinión

Redactor de Barça.
Protestas y propuestas

Ferran Torres celebra su gol ante el Girona / AP
La respuesta del FC Barcelona a la incomprensible decisión del Juez Único de Competición de la Federación Española de Fútbol de programar para el pasado jueves el duelo ante Osasuna es uno de esos detalles que convierten un equipo grande en un equipo campeón. Uno más de tantos que ostenta el proyecto de Hansi Flick.
En un contexto en el que el Real Madrid, a través de todos los medios posibles, ejerce una presión brutal hacia el colectivo arbitral, Javier Tebas y LaLiga y el propio Osasuna intenta (lastimosamente) lograr en los despachos lo que estuvo muy lejos de merecer sobre el terreno de juego, el Barça sigue a lo suyo: exterioriza su malestar con varias situaciones indignantes como no podría ser de otra forma, pero no pierde ni un segundo más del necesario en todo lo que trasciende del césped, donde vuelan y bailan sus jugadores. Hay quien prefiere protestar. A otros les gusta más proponer.
El Barça acabará la temporada sin los dos pivotes principales de la plantilla (Marc Casadó y Marc Bernal) y con su portero titular en proceso de reaparición tras una larga lesión. Y empezará el tramo decisivo del curso sin el gran fichaje del pasado verano, Dani Olmo. A pesar de todo ello, no hay ninguna duda de que el equipo competirá hasta el final en todas las competiciones. Y que por el camino continuaremos disfrutando de una propuesta atractiva y estimulante. Si algo caracteriza a Flick como entrenador es que tiene entre ceja y ceja exprimir al máximo su plantilla para buscar soluciones en vez de recrearse en los problemas. Los aficionados culers, pase lo que pase las próximas semanas, ya han ganado.
No es solo una cuestión de estética. Que también, y más en un momento en el que las autoridades del mundo del fútbol buscan la fórmula para conectar con nuevas audiencias, especialmente con el público joven, cuando no hay mejor receta que practicar un juego ofensivo y vistoso. Que volver a la esencia del deporte y luchar en cualquier escenario y bajo todas las circunstancias que se van produciendo a lo largo del curso. En esto, aunque los últimos días el míster alemán y Carlo Ancelotti hayan verbalizado (acertadamente) que Barça y Madrid tienen idiosincrasias muy diferentes, se parecen mucho más de lo que podría parecer por el hecho de que alcanzan el punto de competitividad máxima de formas prácticamente opuestas.
Llega la hora de la verdad. Esta semana puede ser, para bien o para mal, muy trascendente para el devenir de la temporada. Este miércoles, el Barça tiene un duelo a vida o muerte en el Metropolitano contra un Atlético de Madrid que sabe que la Copa del Rey es, muy probablemente, su opción de título más real esta campaña. Para muchos es la competición menos importante. Y es posible que tengan razón. Pero todo lo que implicaría a nivel anímico una clasificación o una eliminación convierten el compromiso en territorio rojiblanco en un encuentro vital.
Para muestra, un botón. En 2019, la última vez que el Barça ‘pisó’ unas semifinales de la Champions League, el equipo de Ernesto Valverde iba lanzado hacia el triplete. La dolorosa derrota en Anfield fue tan dura que provocó que los culers cayeran también en la final de la Copa unas semanas después. Ya lo dijo Jorge Valdano: “El fútbol es un estado de ánimo”.
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