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J.Mª Casanovas

J.Mª Casanovas

Colaborador de SPORT

Si la pelota entra, Laporta no tendrá rival

Joan Laporta, presidente del FC Barcelona durante la Asamblea 2025

Joan Laporta, presidente del FC Barcelona durante la Asamblea 2025 / FCB

Las elecciones en el mundo del futbol se están convirtiendo en casos excepcionales, en un rara avis. La gran mayoría de clubs son de propiedad privada y en tal caso el consejo de administración elige el presidente a dedo, normalmente el accionista mayoritario. Las urnas solo se ponen en los estadios de las entidades que no son sociedades anónimas. Donde el socio todavía tiene el derecho a elegir democráticamente el candidato a la poltrona presidencial. En consecuencia, en el futbol europeo las elecciones se han convertido en un anacronismo. En España esto solo sucede en el Barça, Madrid y Athletic. En la Premier, ni se acuerdan del último presidente elegido por los socios.

Los tiempos cambian, el fútbol al máximo nivel ha dejado de ser un juego para convertirse en un negocio. Es tan importante la cuenta de resultados como los resultados deportivos. Sin embargo, afortunadamente, hay honrosas excepciones, el Barça es la más significativa. Es el único club del mundo que puede presumir y presume ser mes que un club. Un valor que suma tradición, pasión y sentimientos, un vínculo emocional que une familias y razas.

Ser del Barça es una señal de identidad. La fuerza blaugrana nace de lo cercano, pero ha roto barreras hasta convertirse en un fenómeno global con seguidores en todos los continentes. La grandeza del club es fruto de la televisión y los medios digitales. Los éxitos de Cruyff, Guardiola y Messi han abanderado de una expansión que ha creado una nueva generación de fans.

A los socios del Barça les interesa por encima de todo que su equipo gane, lo demás queda en segundo plano. Pagan para disfrutar y pasan de los problemas económicos, la deuda y el funcionamiento interno. Esta temporada tocan elecciones ya que en junio se cumplen los cuatro años del mandato de Laporta. La oposición, consciente de sus dificultades, intenta unirse en una candidatura transversal para tener posibilidades de éxito.

No nos engañemos, si la pelota entra, si el equipo va viento en popa, Laporta no tendrá rival ya que juega con la ventaja que da el poder y con un nuevo Camp Nou que siempre quedará como su legado. Además, si convoca elecciones en abril, es una fecha en la que no se ha ganado ni perdido nada. Solo en el caso de que entonces la pelota no entre, que la Liga se complique, el panorama pueden variar y las elecciones no serían un paseo ya que la oposición sacaría la artillería.

El futbol son resultados y en un club acostumbrado a ganar como el Barça, cuentan mucho. Laporta tiene carisma, discurso y armas para conseguir su reelección si el equipo de Flick no descarrila y camina con paso firme en la Champions. La oposición planteará la campaña anunciando un estilo de gestión menos presidencialista y proclamará la necesidad de un cambio. El morbo está asegurado, el balón dictará sentencia.