Opinión

Subdirector.
El paso adelante de Lamine Yamal

Lamine, en Son Moix / D. Barbeito
Todos los asuntos extradeportivos que rodean a Lamine amenazan con distraer el foco: haríamos bien los periodistas en saber distinguir, parafraseando a Jagoba Arrasate, qué es guarnición y qué es solomillo. Con Lamine, últimamente se habla demasiado de la guarnición y poco del solomillo.
Pero afortunadamente ha vuelto la Liga y Lamine volvió a demostrar sobre el césped que es, ante todo, un fenomenal futbolista. También es un adolescente que acaba de cumplir 18 años y que celebra su mayoría de edad con fiestas estrambóticas y quizás demasiado multitudinarias, pero es, ante todo, un fenomenal jugador de fútbol.
Lo volvió a demostrar en Mallorca: nada nuevo. ¿O sí? Sí, porque Lamine ya no es el mismo que el del año pasado. No solo porque haya cumplido ya 18, sino porque da la sensación de que ha dado un enorme paso adelante en cuanto a jerarquía futbolística. Le avala el dorsal ‘10’, por supuesto, pero también otros detalles que se vieron en Mallorca: el lanzamiento de faltas, por ejemplo.
El año pasado, con Raphinha en el campo, era muy extraño que Lamine pudiera chutar un golpe franco con opciones de gol. En Son Moix, a las primeras de cambio, Lamine pidió la pelota, la colocó con suavidad, oteó la barrera y disparó a puerta. No fue gol pero quedó claro que ya forma parte de la nómina de lanzadores.
Su gol, el golazo que cerró el partido, también ofrece nuevas lecturas: estaba ya el Barça casi con un pie en el avión, deseando cerrar el trámite, pasar por la ducha después de una tarde tan calurosa y volar a casa mientras Lamine seguía a lo suyo. No solo dribló, jugueteando con varios rivales como si fueran juveniles, sino que buscó la escuadra de la portería rival con la ambición que solo tienen los jugadores especiales.
Es otro Lamine: más completo, más hecho, más ambicioso, más voraz. El año pasado firmó 18 goles en 55 partidos: una cifra brillante para cualquier jugador. Lamine, en cambio, parece haberse propuesto desde el primer día el reto de superarlas. Salvo lesiones o contratiempos, lo hará.
Convertido ya en uno de los jugadores de referencia de la Liga, aspirante de pleno derecho al Balón de Oro y líder natural de la selección campeona de Europa y subcampeona de la Nations, Lamine también será mucho más respetado por los árbitros.
Ya no le ven como el crío recién llegado, un poco rebelde y un poco insolente, sino como el futbolista que ejemplifica el presente y el futuro del fútbol español.
Los rivales también le medirán de otra forma: con más respeto, con más temor, con más atención. Los entrenadores estrujarán sus pizarras para intentar detenerlo. Tendrá muchos más focos apuntándole. Y lo sabrá gestionar como lo que es: un fenomenal futbolista.
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