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J.Mª Casanovas

J.Mª Casanovas

Colaborador de SPORT

A un mes de las elecciones el resultado está cantado, no hay partido

Joan Laporta el día que presentó la dimisión para presentarse a la reelección a la presidencia del FC Barcelona

Joan Laporta el día que presentó la dimisión para presentarse a la reelección a la presidencia del FC Barcelona / EFE

Hoy falta exactamente un mes para las elecciones del 15 de marzo y la realidad del momento barcelonista nos lleva a pensar que la mayoría de socios ya tiene decidido su voto al margen del ruido que pueda provocar la campaña electoral. Se repetirán las elecciones de hace cinco años con Laporta y Font como cabeza de cartel. No parece que nada vaya a cambiar. En el 2021, Laporta ganó con una superioridad manifiesta, 30,184 votos contra 16.679 de su eterno rival. Dentro de un mes, la diferencia se puede ampliar.

No hace falta ser un adivino para vislumbrar que se repetirá el resultado a pesar del estilo personal e intransferible Laporta, un presidente que domina el negocio del futbol y sabe jugar sus bazas. En los últimos años los 'laportistas' han aumentado y los 'antilaportistas' se han reducido hasta el punto de que algunos no piensan ir a votar conscientes de su inferioridad. Poder exhibir títulos y realidades como el nuevo Camp Nou son cartas ganadoras.

La travesía del desierto de Laporta no fue fácil ni cómoda. Se necesitaba coraje y valentía para superarla. La huida de Bartomeu dejó un solar. Una plantilla devaluada, deudas agobiantes, un estadio que se caía y una afición desencantada.

Sin llegar a la revolución, ha cambiado el club de arriba abajo. Ha apalancado la economía, ha desarrollado un proyecto deportivo de éxito, ha fichado un entrenador que está siendo tan importante como Cruyff o Guardiola en su época. Y lo que tiene más mérito, ha levantado un nuevo estadio en las condiciones económicas más adversas.

Habrá elecciones pero no hay partido, el resultado está cantado. La fuerza de Laporta eclipsa a los demás rivales, Víctor Font parece condenado una vez más al papel de digno perdedor. El equipo juega a su favor, Hansi Flick es un as en la manga y la Masia se ha convertido en un comodín de éxito. Las cartas están echadas, en una campaña corta y en plena temporada la intención de voto no cambia por muchos bulos o rumores que circulen. La oposición va a remolque, navegar contra corriente conduce a la orilla, nunca a la meta.

Los que quieren encontrar en la economía argumentos para cambiar el pronóstico no conocen la forma de pensar del socio. Los temas financieros interesan poco y no son determinantes frente a los resultados deportivos. El futuro del club depende por encima de todo del éxito deportivo. Si hay títulos el socio está ilusionado y los números quedan relegados a segundo plano.

En un club democrático como el Barça, los socios siempre tienen razón. No se equivocaron hace cinco años votando a Laporta cuando el club estaba en suspensión de pagos y no se equivocarán ahora que ha recuperado potencial y prestigio. La experiencia es un grado y el poder juega con ventaja.