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Ernest Folch

Ernest Folch

Colaborador de SPORT

Un mensaje diáfano: Laporta tiene que terminar lo que empezó

Joan Laporta fue reelegido como presidente del FC Barcelona por cinco años más

Joan Laporta fue reelegido como presidente del FC Barcelona por cinco años más / Dani Barbeito

Solo el Barça puede presumir ante el mundo de semejante exhibición de poder social y democrático. Solo el Barça es capaz de mostrar la imagen emocionante de su entrenador y media plantilla delante de una urna justo al salir de un partido. Y solo el Barça es capaz de lograr que en un domingo cualquiera de marzo decenas de miles de socios rompan todos los récords de participación de su historia y se lancen en masa a dar esta lección de civismo, democracia y conciencia de club como pocas veces hemos vivido.

En este contexto excepcional, la victoria de Laporta es también histórica, incontestable y tiene una indudable carga de profundidad. Laporta y el movimiento que lo sustenta rompieron ayer su techo y pulverizaron todos los registros.

El espaldarazo que recibió ayer de la masa social es mucho más que un simple aval electoral. Es la expresión de un mensaje que se puede resumir así: la junta de Laporta tiene que terminar todo lo que empezó, desde la continuidad del proyecto deportivo liderado por Flick hasta la remodelación completa del Camp Nou.

El socio ha dicho muy claramente que no es el momento de ningún cambio, y en el instante en el que intuyó que el continuismo estaba en peligro (cuando se hicieron públicos los avales y quedaron solamente dos candidatos), decidió lanzarse a la calle para disipar cualquier duda.

Font planteó un plebiscito, y su mérito fue ponerlo en primera fila de la agenda electoral, pero lo ha perdido de forma estrepitosa. Font ha muerto en la misma orilla de siempre, la que dice que ningún presidente del Barça ha perdido jamás las elecciones a las que se presentaba, y Laporta tampoco ha sido una excepción. Pero se queda con un capital nada menor: se ha ganado el derecho a ser, ahora sí, el único jefe de la oposición y, por lo tanto, a seguir fiscalizando el poder.

Porque, paradójicamente, la buena campaña de Font no ha hecho sino engrandecer todavía más la enorme victoria de Laporta, obligado bajo la presión de la campaña a rendir cuentas de los aspectos más espinosos de su mandato.

Es lo que tiene la democracia, y que a menudo tienen serias dificultades para comprender las 'cheerleaders' del poder: de la mezcla entre la acción de gobierno y las críticas recibidas sale siempre una institución mejor. El tercer Barça de Laporta, que nace hoy mismo, empieza más fuerte y con más legitimidad precisamente gracias a la pluralidad del club.

A la oposición solo cabe pedirle que abandone cualquier idea de judicialización nociva para la paz de la institución, y a la junta ganadora que sea generosa con quien piensa diferente.