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Opinión

Xavier Ortuño

Xavier Ortuño

Subdirector de SPORT

El Madrid muestra todas sus carencias pero frustra el alirón culé en el clásico

LaLiga: Real Madrid - Celta, en imágenes.

LaLiga: Real Madrid - Celta, en imágenes. / Associated Press/LaPresse / LAP

El equipo de Ancelotti volvió a mostrar ante el Celta de Vigo su perfil más ciclotímico, ese que lo hace tan brillante como vulnerable, tan capaz de triturar a un rival en media hora como de tambalearse con una fragilidad pasmosa en cuanto pierde el control del partido. El 3-2 final en el Bernabéu fue un reflejo de lo que es este Real Madrid: un equipo sin plan sostenido, que vive más del talento puntual que de una idea clara de juego.

Durante el primer tiempo, el conjunto blanco arrolló. Con Güler como generador, Bellingham distribuyendo y Mbappé ejecutando con precisión quirúrgica, el Madrid se fue al descanso con un 2-0 que olía a goleada. La sensación era la de un equipo que había entendido lo que se jugaba: mantenerse en la pelea por LaLiga a una semana del clásico decisivo. Pero como tantas veces esta temporada, el equipo se descompuso.

En la segunda mitad, el Celta —al que el descenso ya no le amenaza, pero que aún busca cerrar la temporada con dignidad— se sacudió el complejo. Aspas, ese delantero que envejece como el buen vino, encontró los espacios entre líneas y desnudó la inconsistencia defensiva blanca. Swedberg y Rodríguez encendieron las alarmas con dos goles que colocaron al Madrid al borde del desastre. Solo la figura de Courtois, imperial una vez más, evitó el empate celeste. Volvió a dejar una de esas paradas marca de la casa, inexpugnable desde media distancia.

El 3-2 final esconde más de lo que muestra. El Real Madrid ganó, sí, pero no convenció. Y sobre todo, no corrigió lo que ya parece estructural: su incapacidad para gestionar los partidos cuando se le escapan del guion inicial. Es un equipo que no tiene margen de error pero que juega como si lo tuviera todo.

Con esta victoria, el conjunto de Ancelotti evita que el Barça llegue al clásico con opción matemática de ser campeón. Si los blancos hubieran empatado o perdido, una victoria azulgrana el próximo domingo en el Santiago Bernabéu habría significado el alirón. Ya presenciaron en directo la coronación del Barça en la final de Copa del Rey, y por ahora esquivan otro golpe simbólico.

El clásico del 11 de mayo será, por tanto, mucho más que un partido: será la última bala del Real Madrid para reengancharse a LaLiga. Una victoria les pondría a un solo punto del líder con tres jornadas por disputarse. Pero si repiten la versión ciclotímica que ofrecieron ante el Celta, el Barça no necesitará hacer nada extraordinario para dejar resuelto el campeonato.