Opinión

Corresponsal en Brasil.
Lecciones de una tarde en Maracaná
El Barça debe tomar nota del Flamengo, que colocó 45.656 'torcedores' en la Intercontinental Sub-20, y plantearse llenar el nuevo Spotify Camp Nou en una gran cita del Juvenil A

Jan Virgili celebra su gol en la final de la Intercontinental Sub-20 / instagram
Lo que se vivió el sábado en Maracaná fue algo muy grande. En el mismo horario en el que el primer equipo jugaba en el Ciutat de València, el Juvenil A, reconvertido en Sub-20, disputaba la final de la Intercontinental ante el Flamengo.
Cara a cara se enfrentaban los dos campeones juveniles de la UEFA y la Conmebol. En unos últimos minutos de locos, con un gol para cada equipo en el descuento, todo se acabó decidiendo en los penaltis tras el 2-2, en los que se impusieron los brasileños por 6-5.
El Flamengo metió 45.656 ‘torcedores’, que crearon un ambiente parecido al de cualquier partido de la Copa Libertadores o de un clásico carioca. Un año antes, más de 33.000 hinchas habían visto, en el mismo torneo, el triunfo ante el Olympiakos. El aumento de público, claro, fue por el factor Barça y la proyección global que tiene, aún más en Brasil por el histórico de ‘craques’ que pasaron por la Ciudad Condal, empezando por Evaristo de Macedo, que, a sus 92 años, sigue viviendo en su Río de Janeiro natal, en el barrio de Leblon.
La Intercontinental fue un máster acelerado para los chicos de Juliano Belletti (ojo al técnico brasileño, que está haciendo un trabajo excepcional), que compitieron como los ángeles con un equipo diezmado, porque seis titulares se quedaron entrenando con Hansi Flick ya que aún no está resuelta la cuestión de las inscripciones.
El directivo Joan Soler, activo estratégico, referente y de gran proyección en la junta, fue testigo de excepción de lo ocurrido desde la tribuna del coloso carioca, donde representó institucionalmente a la entidad culé. Tuvo, pues, la oportunidad de vivenciar la fuerza social de la ‘torcida’ del Flamengo, el club más popular de la ciudad y del país, en un partido histórico, porque nunca antes un equipo formativo de La Masia había jugado ante tal número de espectadores.
A pesar de la derrota, el Barça regresó empoderado de Río de Janeiro, uno de los epicentros futbolísticos del planeta, y con un reto que, sin duda, sería el mejor homenaje que se puede hacer a La Masia, la mejor cantera de la historia del fútbol: llenar el nuevo Spotify Camp Nou (sería factible en su primera versión de dos anillos) en un partido oficial del Juvenil A.
De esta manera, se escenificaría con un homenaje popular la trascendencia de la cantera en la historia del club y en el actual primer equipo. Es algo factible: solo hay que encontrar una efeméride atractiva, una final de Copa del Rey, Copa de Campeones o la Final Four de la Youth League.
El barcelonismo está muy vivo y ha dado muestras recientemente de su fuerza, vitalidad y poder de convocatoria. Solo hay que ver la comunión creada con el equipo femenino, con movilizaciones ya históricas en finales continentales inimaginables solo unos años atrás. Este es el ejemplo a ser reproducido.
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