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Carme Barceló

Carme Barceló

Periodista en SPORT

Laporta, a lo Juan Palomo

Laporta, en el acto de presentación del libro 'Així hem salvat el Barça'

Laporta, en el acto de presentación del libro 'Així hem salvat el Barça' / Gorka Urresola Elvira / SPO

‘Yo me lo guiso, yo me lo como’. El precandidato más presidencialista de las elecciones del Barça, que sigue apoyándose más que nadie en sí mismo, casi siempre ha sido el más listo de la clase. De las anécdotas que cuenta de su paso por los Maristas del Passeig de Sant Joan al paseo militar que, a priori y según las encuestas, va a ser el resultado de los comicios todo lleva su rúbrica. Y el antetítulo, el título y el subtítulo.

Joan Laporta es como la madre de los Increíbles: contorsiona el cuerpo a voluntad y lo remodela en función del enemigo al que se enfrente. Tras él, un ejército de amigos fieles, familiares con poder aunque siempre en un segundo plano y trabajadores entregados a su causa. Los vimos en primera fila en la presentación de su libro, un hecho y apoyo insólito en la historia electoral blaugrana, y confirmamos que el precandidato se basta y se sobra consigo mismo. Tiene ganas de volver a verse en el palco porque 'Així hem salvat el Barça', un título que no deja lugar a dudas.

Laporta se sienta en la mesa de todos. Y si hay que apretarse para encajar en alguna, lo hace. Prefiere ocupar y agrandar su espacio pero sabe adaptarse a las circunstancias, del mismo modo que se pone el mandil y corta jamón o reparte raciones de macarrones en un bar. “A la prensa, los que pican”, dijo en pleno rancho. “Y el que se pica, ajos come”, le respondería más de uno al escucharle muy enfadado el lunes en El matí de Catalunya Ràdio con la información de El Periódico sobre la mesa. Ésta explicaba la denuncia de un socio ante la Audiencia Nacional que le acusa de blanqueo de capitales, cobro de comisiones indebidas, transacciones económicas en el extranjero y fraude a Hacienda. “Con las manos en la masa”, debió pensar alguno.

Pero Joan Laporta, aunque con precaución, ha optado por la máxima de ‘al pan, pan y al vino, vino’. Las cosas, por su nombre. Porque la denuncia ha subido la temperatura del horno y lo que se cuece no es precisamente pan pero el expresidente sigue siendo aquel que gritaba “¡que no os embauquen!”, sabe que el proceso de conseguir las firmas va a ser un mero trámite y solo un error de bulto, de mucho bulto, le apearía de una reelección. 

‘Contigo pan y cebolla’. Así ve al electorado, eliminando de la ecuación las propuestas de Ciria, Font y Vilajoana. Les deja existir. Elaborar el menú del día laborable porque el del festivo lo va a cocinar él. Da igual que le pregunten por el adiós de Messi, por el contrato con la República del Congo, por la constructora Limak que dijo que hacer el Camp Nou costaba 960 millones de euros y que, según informó RAC1, va a suponer 200 y 300 millones más de lo previsto. Siempre va a tener a mano el acompañamiento adecuado para cada plato. Él es el chef y el resto, pinches. Ítem más: al que manda en los fogones del vestuario y los lidera con merecimiento le gusta como cocina Joan Laporta. Éste pone el pan y Flick, la cebolla. Aunque a veces resulte indigesto.