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Joan Vehils

Joan Vehils

Director.

Lamine, Balón de Oro por revolucionar el mundo del futbol

Lamine y Mbappé, durante la semifinal de la Nations League

Lamine y Mbappé, durante la semifinal de la Nations League / EFE

El fenómeno Lamine Yamal va más allá de la excelente temporada que está realizando. El jugador del Barça y la selección española ha reinventado el mundo del futbol y ha logrado que la afición vuelva a engancharse a un deporte que estaba en el límite del aburrimiento y la monotonía. Lamine y Pedri están cambiando la historia con su modo de jugar. Ellos son capaces de hacer lo que hacen todos los futbolistas, pero ninguno es capaz de hacerlo como ellos. Se trata, sin duda, de un fenómeno social que debería ser premiado con el Balón de Oro por aclamación popular. Lo que este joven de 17 años está haciendo por el futbol no tiene precio.

De cualquier manera, como eso no será posible, habrá que votar, aunque eso no debería impedir su victoria. El criterio número uno que deben aplicar los cien periodistas con derecho a voto es que deben centrarse principalmente en el desempeño individual y el carácter resolutivo e impactante de los contendientes. El segundo criterio se centra en el rendimiento colectivo y los éxitos acumulados durante la temporada y, el tercero, al sentido del juego limpio de los futbolistas.

Bajo esos parámetros, Lamine Yamal también debe arrasar. Su actuación en la pasada Eurocopa, sus cuatro actuaciones en los clásicos, las semifinales de Champions y, si quieren también, la última exhibición ante Francia, le convierten en el la figura más destacada y relevante del fútbol mundial. Hacía mucho tiempo que el favorito a ganar un Balón de Oro no estaba tan claro.

Entrenadores, futbolistas en activo y retirados, deportistas de otras especialidades, políticos, personajes del mundo de la cultura y todo tipo de personalidades destacan estos días las excelencias de Lamine Yamal. No hay para menos.

En fin, que nada puede impedir que el delantero del Barça sea el merecido ganador del próximo Balón de Oro. Lo contrario sería de un ridículo inexplicable.