Opinión

Redactor de la sección Barça
Kounde, Dembélé y la necesidad de cortar por lo sano

Kounde y Dembélé compartieron vestuario varios años en el Barça / FC BARCELONA
En cuestión de pocos días han trascendido dos situaciones similares con Kounde y Flick como protagonistas por un lado y Dembélé y Luis Enrique por el otro. Dos faltas disciplinarias que tuvieron réplica instantánea por parte de sus respectivos entrenadores, amantes de una gestión de grupo basada en los cero favoritismos. El primero fue suplente contra el Alavés; el segundo se quedó fuera de la lista ante el Arsenal.
No, no es lo mismo llegar con un par de minutos de retraso a una charla pre-partido -Kounde- que presentarse dos horas tarde a entrenar -Dembélé-. Pero a efectos de autoridad, sí lo es. Si se avisa que viene el lobo, el lobo tiene que venir. De lo contrario, cualquier colectivo interioriza que las consecuencias de los errores no serán las previamente anunciadas. Y ahí es cuando, a nivel interno, empieza la hemorrágia de crédito de un entrenador. De hecho, Flick ya no tenía más margen para advertencias, pues las había 'gastado' semanas atrás y con el retraso de Kounde no tenía más remedio que actuar.
Tanto Flick como Luis Enrique saben de la importancia de cortar por lo sano. Primero, porque su credibilidad está en juego. Y segundo, porque la mano blanda suele dar pie a más y mayores faltas de actitud. Si hoy son dos minutos tarde, en Navidad puede que sean ya 10.
Inteligentes, el teutón y el asturiano saben de qué va esto. Indultar a los pesos pesados solo porque son importantes sobre el césped significa agravios comparativos y, tarde o temprano, el descontento de aquellos menos protagonistas. A la postre, eso deriva en poca gente en el barco cuando hay tormenta y, por consiguiente, poca o cero unión. Flick, al igual que 'Lucho', considera que no llegará lejos si por el camino va perdiendo soldados. Se llamen como se llamen.
Lamine y el ejemplo de Messi
Messi tapó durante muchos años infinidad de carencias del Barça. A nivel deportivo y a nivel institucional. Tan evidente es eso como que en algunos puntos el argentino adquirió más poder del que debe tener un jugador. Por muy bueno que sea. Por esta razón haría bien Hansi Flick en cortar de raíz las malas caras que viene poniendo Lamine al ser sustituido.
No hay problema. El chico tiene 17 años y es lógico que quier jugarlo todo. Pero es ahora el momento de cortar según qué vicios. Con Dembélé, en el Barça se apostó por una política más flexible y, comprobado está, el galo no erradicó algunos malos hábitos. Nadie debe olvidar que Lamine sigue siendo un adolescente y todo lo que no aprenda ahora difícilmente lo absorberá con dos Balones de Oro debajo del brazo.
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