Opinión

Colaborador de SPORT.
Joao Félix ya tiene precio

El Ave Fénix Joao Félix / SPORT
Y sólo lo sabe él.
Los culés “som uns patidors”, y no nos engañemos, nos encanta serlo. El socio azulgrana es un sufridor empedernido que gusta de adelantarse a problemas que no tiene, conflictos que no existen y debates que tienen menos recorrido que escoger entre Araujo y Koundé como central corrector…
Aceptando esta losa histórica, y refiriéndome a un tema que ya va de boca en boca, lejos de ilusionarnos por el momento que atraviesan Cancelo o Félix, ya nos rasgamos las vestiduras lamentado que, llegado el momento, no los podremos retener. ¿Y es realmente así? ¡Calma! Félix ya tiene precio y ese precio no lo decidirá ni Gil Marín, ni Cerezo, ni el osito, ni el madroño. Lo decidirá él mismo.
Miren, en cualquier mercado ya sea tradicional o emergente, el precio de un producto, bien o servicio lo establece el coste de producción, gasto de promoción, margen, oferta y finalmente, demanda, pero no en el caprichoso mundo del futbol donde existe una premisa superior: La dictadura del futbolista.
¿A que nos referimos? Lo primero que debe darse es que Joao Félix quiera quedarse, que desee establecer raíces en el club, la ciudad, el país y su cultura, y a partir de ahí priorizar su felicidad personal por encima del nivel de obesidad de sus cuentas bancarias, y parece que vamos bien. Hablamos de seducción, y en ese terreno, el presidente Laporta no solo es un galán, es todo un genio. Si se trata de regalar estima y complicidad, Laporta es único porque no sabe fingir, él es así, y puede llegar a ser más influyente y conseguidor que la mismísima reina Alexandra Fiodorovna. Háganme caso: Laporta lo conquistará, y no ganará la puja por el precio, sino por el aprecio.
Ya es habitual ver a Joao paseando por las calles de la ciudad, rondando como un aficionado más por la grada del Palau siguiendo a sus compañeros de hockey, balonmano o básket, y eso, amigos míos, es un síntoma inequívoco de integración no a un equipo, sino a una forma de vivir la vida y abrazar unos colores, colores que ya empieza a sentir como inequívocamente propios.
¿Y por qué hablo de “dictadura”? Porque dictadura también viene de “dictado”, de fuerza y de dominio, y aquí señores, quién dicta el devenir de su futuro es quién lo vive y lo protagoniza: El jugador.
Si Joao queda cautivado y solo contempla jugar el Barça, se quedará. Los equipos saben que los conflictos que se enquistan no favorecen a nadie, y tanto el Atleti como el Barça vivirán la condena de tenerse que entender. Poco importa que el precio de partida sea 30, 60 o 90. Si Félix se enamora del Barça y el Barça de Félix, que ya lo está, se pagará lo que valga, pero en estima.
Y es que el amor se mide en besos, no en ingresos.
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