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Cristina Moreno

Cristina Moreno

Redactora de Motor y Polideportivo.

La hora de los valientes en MotoGP

Raúl Fernandez celebra su victoria

Raúl Fernandez celebra su victoria / EFE

En los peores momentos, cuando todo parece imposible y la sonrisa no aparece por ninguna parte es cuando la resiliencia debe salir a relucir. Es la hora de los valientes, como en la cinta de Antonio Mercero (1997) en la que un joven anarquista arriesga todo lo que tiene por salvar unas obras de arte del Museo del Prado cuando estalla la Guerra Civil.

En la historia de MotoGP, Raúl Fernández es nuestro anarquista particular. Un piloto de un equipo satélite, uno de los modestos de la parrilla, que, tal y como confesó tras su victoria en Australia, había perdido la sonrisa. Hace tan solo unos meses ya no le motivaba correr. No se levantaba cada día con la alegría necesaria. Dejarlo podía ser una opción cuando los resultados no llegaban pero apoyado por su familia, por Davide Brivio y por el resto del TrackHouse decidió cambiar la dinámica, seguir trabajando y esperar que todo ello se convirtiera en los resultados que estaban esperando.

Haces unos meses el éxito parecía una quimera. Pero todo llega. La baja por lesión de Marc Márquez, gran dominador del campeonato, abría un escenario nuevo para el resto de pilotos de MotoGP. Una oportunidad única, una especie de vacío de poder, para hacer algo grande y tomar el relevo del campeón, al menos en las pocas carreras que quedan para el final del campeonato. Hace apenas dos semanas en Indonesia lo demostró Fermín Aldeguer consiguiendo su primera victoria en MotoGP, con Gresini y en su temporada de rookie. Este fin de semana en Australia lo ha conseguido Raúl.

El madrileño, apoyado siempre en el camino por 'Pitito' su hermano pequeño, ha conseguido la motivación que necesitaba, ha gestionado la carrera, ha aprovechado la penalización de Bezzecchi y ha cruzado primero la recta de meta. Ha hecho suyo ese ya popular "sí se puede" y ha conseguido el ansiado y merecido objetivo. La victoria de los modestos en la hora de los valientes.

Un ejemplo a seguir para los Pecco Bagnaia o Fabio Quartararo que parecen haber perdido la fe. Uno prefiriendo irse al suelo a terminar último; el otro deseando irse a casa a olvidar que el podio está demasiado lejos. Ni uno ni el otro parecen encontrar la fuerza para seguir remando en la contracorriente que está siendo para ellos este campeonato de sinsabores. Ahora tienen un espejo en el que mirarse, el de Fermín, el de Raúl. El de los que no dejan de creer. Solo tienen que querer mirarse en él o tirar la toalla y esperar que el curso que viene sea mejor.