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Opinión

Javier Giraldo

Javier Giraldo

Subdirector.

Y si no hay triplete, ¿qué?

Flick durante el encuentro ante el Valladolid

Flick durante el encuentro ante el Valladolid / Agencias

Una de las conclusiones más rápidas y menos científicas que dejó la visita del Barça a Valladolid es que Hansi Flick es un tipo con suerte. Arriesgó de verdad y la apuesta le salió bien. Por los pelos, con ese grado de sufrimiento que a estas alturas de temporada ya empieza a sobrar: demasiado estrés acumulado en los jugadores, pero también en los aficionados, que se sentaron a ver el partido de Pucela dispuestos a disfrutar del fútbol y empezaron viendo una película de terror. Con final feliz, eso sí. 

El partido invita a otro debate: ¿es demasiado grande la brecha entre suplentes y titulares en este Barça? Probablemente sí, pero a primeros de mayo es absolutamente imposible salvar esa brecha. Conviene apuntarlo, eso sí, en la lista de deberes del verano. A veces conviene más fichar a uno o dos jugadores de relleno, de esos que obligan al aficionado medio a tirar de Google, que a estrellas consolidadas cuyo puesto ya está perfectamente cubierto.

Y así llega el Barça al tramo decisivo de la temporada: a un partido de alcanzar una final de la Liga de Campeones y en la Liga, con cuatro puntos de ventaja (más la diferencia de goles) cuando faltan precisamente cuatro jornadas. Como para no soñar con el triplete, pensarán algunos. Y estarán en lo cierto.

Pero esa palabra, triplete, tan usada últimamente, conviene manejarla con cuidado, como si de un explosivo se tratase, como si fuesen fuegos artificiales; muy bonitos cuando lucen en el cielo en la noche de fiesta mayor, pero mucho cuidado con su manejo en los días previos. 

El Barça tiene talento y capacidad para ganar Liga y Champions. Su inercia invita al optimismo, porque cuando no juega bien gana (Valladolid) o al menos empata y deja abierta la puerta para el partido de vuelta (Inter). 

Pero, ¿qué pasaría si el Barça se queda a medio camino? ¿Si por un casual se queda fuera de la gran final, o le da por tropezar en Montjuïc y da vida al Madrid en la Liga? ¿Cuál sería la lista de reproches a Flick? Como mucho, no haber sabido administrar la fatiga acumulada, pero ni en ese caso sería justo culpar al entrenador alemán. 

Pase lo que pase a final de temporada, Flick ha recuperado las ganas de sentarse a ver los partidos del Barça, tanto en el estadio como a través de la televisión. Pase lo que pase a final de temporada, el Barça vuelve a ser un equipo seductor, atrevido y competitivo.

Pase lo que pase a final de temporada, el culé se siente plenamente orgulloso de su equipo, en el sentido más amplio de la palabra: no hay más que ver cómo los barcelonistas presumen con la cabeza alta de un equipo que les representa fielmente. No todos pueden decir lo mismo.