Opinión

Subdirector.
Girona, no te arrugues

El Girona FC prepara su partido ante el París Saint-Germain
El escenario impone. El rival es potente. El reto es mayúsculo. Pero el Girona, sorprenda a quien sorprenda, jugará este miércoles un partido de Champions League en el Parque de los Príncipes ante el PSG. Es un día histórico para el club catalán, que aspira ahora a que Europa descubra su fútbol desenfadado y vertical. Pase lo que pase, el viaje merecerá la pena.
Cuando el partido empiece, el Girona debe pensar en grande: convencerse de que está ahí por méritos propios, de que no le debe nada a nadie, de que es un equipo perfectamente capacitado para jugar de tú a tú ante un candidato a ganar la competición. Habrá momentos de vértigo, pero el Girona puede y debe reivindicarse a través de su juego. Sin arrugarse ante un equipo que arrasa en Francia, pero que nunca ha ganado la Champions.
Míchel lo sabe mejor que nadie: "necesitaremos nuestra mejor versión". El propio técnico, que nunca llegó a jugar la Champions como jugador, insistió en otro mensaje que puede ser clave en París. "No es momento de compararnos con lo que fuimos el año pasado". Conviene quedarse con todo lo bueno que el Girona enseñó el año pasado -que fue mucho-, convertirlo en un acicate y ser capaz de superar los errores, que lógicamente también los habrá.
Aunque el Girona no es ajeno a la globalización económica del fútbol (no en vano pertenece al City Group), en un sentido puramente futbolístico es un equipo conceptualmente opuesto al PSG. Frente a una plantilla, la del PSG, construida a base de fichajes millonarios, concebida para ganar la Champions (de momento sin éxito), el Girona comparece como un equipo sólido y bien construido sin necesidad de invertir millonadas. Ver jugar bien al PSG resulta más o menos previsible, atendiendo a su nómina de jugadores. Ver jugar bien al Girona sigue siendo una experiencia reconfortante.
Al Girona de Montilivi le toca demostrar en Europa qué cláse de equipo es. Sus jugadores tienen dos opciones: desplegar todo su talento más allá de la presión propia de la competición, disfrutando de la experiencia, o dejarse vencer por el rival, el escenario y la altura de la competición. Ejemplos de ambos casos ha habido muchos: nadie contaba con el Villarreal en 2006, pero estuvo a punto de llegar a la final. Unos meses más tarde, en cambio, Osasuna ni siquiera pudo llegar a la fase de grupos: quizá le pudo la presión, pero cayó en la previa ante el Hamburgo.
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