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Opinión

Xavier Ortuño

Xavier Ortuño

Subdirector de SPORT

Y este empate, ¿cómo lo valoramos en medio de todo este sinsentido?

Xabi Alonso habla con Vini, Huijsen y Fran García durante el partido

Xabi Alonso habla con Vini, Huijsen y Fran García durante el partido / Rebecca Blackwell / AP

¿Final de temporada, inicio de otra… o un mal jet lag; qué hemos vivido hoy? El Madrid ha empatado 1-1 contra el Al-Hilal en Miami en el debut del nuevo Mundial de Clubes. Y la pregunta flota en el ambiente como el bochorno del verano en el sur de la Florida: ¿esto qué era? ¿Un cierre de curso? ¿Un comienzo? ¿Un torneo oficial, una pachanga cara o un castigo encubierto?

Xabi Alonso, con cuatro entrenamientos y media mudanza a sus espaldas, se ha encontrado con un vestuario en tránsito: los que se van, los que aún no han llegado, los que no saben si están. Un once a medio hacer, sin ritmo ni contexto, ante un rival que lleva semanas preparando este partido como si fuera una final de Champions. Y para ellos, lo es.

¿Cómo se gestiona esto desde dentro? ¿Qué le dices a Modric o a Lucas Vázquez, que ya saben que se van, cuando salen del banquillo para jugar en julio un torneo que ni sabían que existía hace unos meses? ¿Qué motivación hay más allá de cumplir con el patrocinador, la FIFA y el algoritmo?

El Madrid parece que intenta añadir algo a la temporada pasada dónde solo sumó la Supercopa de Europa y la Intercontinental, se enfrenta ahora a la competición más moderna del planeta… y posiblemente también la más innecesaria. Un Mundial de Clubes sin alma, sin tensión y sin relato. Un torneo parido en Zurich y ejecutado en PowerPoint qué compró Estados Unidos como prólogo de un Mundial que pinta extraño.

La FIFA lo vende como una revolución. Pero lo cierto es que no hay quien entienda qué se juega aquí ni por qué. No hay descanso, no hay planificación, no hay espacio para empezar nada. Solo hay partidos. Y vuelos. Y contratos que firmar.

¿Se puede juzgar al nuevo Madrid por esto? No. ¿Y emocionarse? Tampoco. Solo cabe sentarse, mirar, y preguntarse: ¿esto cómo se valora?

Spoiler: ni en la FIFA lo saben.