Opinión

Redactor de Fútbol.
El diamante que debe pulir Míchel

Yáser Asprilla, la gran perla del Girona / 'X'
Míchel tiene a un chico muy especial en sus manos, a un ilusionista del fútbol en un ecosistema cada vez más común y en el que la creatividad brilla por su ausencia. Yáser Asprilla es distinto, un talento natural de los que ya no quedan. Sacar lo mejor del colombiano tiene que ser una exigencia para el técnico madrileño. No solo por el Girona, también por el fútbol en sí.
Cuando aparece un futbolista con las características del colombiano se suele decir que 'hacía mucho tiempo que no se veía a un jugador así'. En Girona eso es una mentira como una catedral. La temporada pasada tenían a Savinho, y aunque no son iguales (tampoco nadie pretende que lo sean), sí que transmite esa magia al entrar en contacto con el balón. Los jugadores que consiguen eso, que pensemos que puede pasar cualquier cosa cuando tienen el esférico en sus pies, escasean.
Se considera en peligro de extinción a un animal cuando su existencia y reproducción no se puede desarrollar en ninguna parte del mundo. Es decir, que ya nunca se podrá volver a ver. A menor medida, eso es lo que sucede con los regateadores puros. Asprilla es uno de ellos y Míchel el encargado de 'salvarlo'.
Bajo las órdenes de Míchel, Savinho se convirtió en aquel crack que prometía ser en Brasil. Lo moldeó a su gusto, otorgándole el toque competitivo que le faltaba, el compromiso en defensa que por naturaleza no suelen tener los magos del balón y la claridad en las acciones para soltar su amada pelota cuando tocaba. Todo eso, sin 'robarle' un ápice de su innata magia. Eso era lo más complicado. Míchel supo mezclar los elogios con los toques de atención. Supo proteger a su 'niño' sin 'atontarlo'.
Con Asprilla está haciendo lo mismo. "Cuando le dimos el 10, digo 'nos hemos equivocado'. El 10 se tiene que ganar", aseguraba el madrileño. Eso le honra, porque interiormente debe pensar que es el jugador más talentoso de la plantilla. Lo fácil sería regalarle los oídos y bailarle el agua porque es de los pocos capaces de conseguir que Montilivi se ponga en pie cada vez que tira un regate. Pero eso sería hacerle daño, mucho, y Míchel lo sabe.
Un diamante natural se distingue por sus imperfecciones, cuantas menos mejor, pero si no las tiene es extraño. Así es Yáser Asprilla, un diamante de muchos quilates, pero natural, porque tiene imperfecciones, muchas, y Míchel debe corregirlas sin quitarle esa naturalidad que lo hace tan especial.
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