Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Ernest Folch

Ernest Folch

Colaborador de SPORT

El día clave en el que volvió Laporta y renació el Barça

Laporta tomó la palabra en la Asamblea del FC Barcelona

Laporta tomó la palabra en la Asamblea del FC Barcelona / @fcbarcelona

El fútbol del Barça, ahora sí, ha vuelto. La mayor metamorfosis que ha conocido jamás un equipo blaugrana es ya una maravillosa realidad. El equipo deprimido y paralizado del pasado verano se ha convertido en cuestión de semanas en una máquina imparable de hacer fútbol, que arrasa a rivales de la entidad de Bayern y Real Madrid y hace soñar de nuevo al barcelonismo. ¿Pero cómo y cuándo fue posible esta prodigiosa transformación?

Hace solo seis meses, el 24 de abril, a pesar de que Xavi había anunciado en enero que no seguiría y que el equipo daba síntomas de colapso, Joan Laporta decidió renovar al de Terrassa en la famosa cena del ‘sushi’. Intentaba así estabilizar la nave y tranquilizar al entorno, pero logró el efecto contrario. Los nervios fueron creciendo, y el presidente se agarró a la excusa de unas declaraciones para cambiar su decisión inicial, y cesar a Xavi un 24 de mayo con la incorporación de Hansi Flick ya decidida.

Un mes antes, un Laporta temeroso y confundido, que en nada se parecía al Laporta del 2008, llevaba el club hacia el abismo. Pero una vez más, su intuición natural le permitió rectificar y el 25 de mayo enderezó de golpe el rumbo de la nave. Era un momento crítico que necesitaba una decisión crítica. Laporta cesaba a un técnico orgánico como Xavi, al que acababa de renovar, y apostaba por un entrenador ajeno al entorno, a la ideología y a todo el ruido tradicional del Barça.

Fueron 30 días de zozobra, que terminaron cuando Joan Laporta hizo lo más difícil: autoenmendarse, cambiar súbitamente de opinión y ponerse colorado cinco minutos para evitar males mayores. Con el fichaje de Flick, y tras tres años y medio de titubeos y sin una hoja de ruta clara, Laporta recuperó la mejor versión de sí mismo y nos lanzó encima, literalmente, un paracaidista venido del más allá de nuestro pequeño universo. A algunos nos resultó chocante la llegada de aquel ser extraño proveniente de otras galaxias futbolísticas, pero aterrizó de forma impecable y actuó con suma inteligencia desde el primer momento.

La genialidad de Laporta fue entender que el Barça, al límite del precipicio, necesitaba justamente huir de sus propios fantasmas, iniciar una nueva senda y apostar, esta vez sí, por La Masia. Este fue el segundo y definitivo golpe de timón: el club que hacía muy poco había fichado a un joven llamado Vitor Roque por 60 millones (variables incluidos), se lanzaba en manos de un entrenador que seguía el camino iniciado por Xavi con Lamine y una caravana de adolescentes.

El experimento tuvo buena pinta desde el primer minuto, pero ha eclosionado definitivamente en esta semana grande, en la que ya puede decirse que el Barça de Flick, con adolescentes que ni siquiera pueden ir a prisión, empieza a asombrar al mundo. Sin embargo, nada de esto estaría sucediendo si Laporta, aquel 25 de mayo clave, no hubiera tirado otra vez de su olfato, incluso contra su propia opinión. El club sigue teniendo múltiples vías de agua, pero si deportivamente el mejor Barça ha vuelto es porque, aquel 25 de mayo clave, había vuelto el mejor Laporta