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Es la democracia, amigo

El socio ya ha evaluado gestión, legado, proyecto y credibilidad. Ya ha comparado. Ya ha dudado. Y ya ha decidido. Pretender reabrir ese debate al día siguiente no es espíritu crítico. Es, simplemente, no haber aceptado el resultado

Laporta disfrutará de un nuevo mandato al frente del FC Barcelona

Laporta disfrutará de un nuevo mandato al frente del FC Barcelona / Valentí Enrich / SPO

El barcelonismo ya ha hablado. Y lo ha hecho con claridad, sin ambigüedades y con una magnitud que deja poco espacio para interpretaciones interesadas. Un 70% de apoyo no es una victoria más: es un mensaje rotundo. El socio ha decidido.

Y, sin embargo, apenas cerradas las urnas, reaparece ese discurso tan reconocible: el del “sí, pero no”. Sí, han ganado… pero. Sí, han decidido los socios… pero. Sí, hay que respetar… pero seguiremos cuestionando.

Aceptar, pero no aceptar. De hecho, ni siquiera hubo tiempo para asimilar el resultado. Aún con las urnas calientes, el debate televisivo posterior no giraba en torno a la contundencia de la victoria, sino a cuestionar quién había votado y por qué. Trabajadores del club, profesionales o miembros del entorno deportivo que se posicionaron o ejercieron libremente su derecho al voto pasaron a ser objeto de sospecha: que si estaban condicionados, que si venían obligados por sus agentes o lo hacían en justo agradecimiento por haberles sacado del paro (sic).

Es difícil encontrar un ejemplo más claro de cómo desplazar el foco: del resultado al relato. Y es cierto: nadie tiene la exclusiva de defender el Barça. Faltaría más. El Barça es de todos, también de quienes no han ganado. Defenderlo no es patrimonio de nadie, ni puede convertirse en una bandera exclusiva. Cómo tampoco nadie tiene la exclusividad de la transparencia y la buena gobernanza. No son patrimonio de quienes han perdido ni refugio moral desde el que impugnar y menos “amenazar” de forma permanente, lo que las urnas ya han validado.

Porque una cosa es la crítica, que es sana y necesaria, y otra muy distinta es instalarse en la sospecha desde el minuto uno. Una cosa es ejercer oposición y otra convertir el resultado en un debate interminable. El socio ya ha evaluado gestión, legado, proyecto y credibilidad. Ya ha comparado. Ya ha dudado. Y ya ha decidido. Pretender reabrir ese debate al día siguiente no es espíritu crítico. Es, simplemente, no haber aceptado el resultado.

Quizá haya quien, por deformación profesional, piense que todo es cuestión de relato. Que el mensaje siempre puede reinterpretarse, matizarse o reconstruirse. En comunicación y publicidad, el relato lo es todo. Por suerte en el Barça, en cambio, lo son las urnas.

Defender el Barça, sí. Todos. Siempre. Pero defenderlo también implica algo básico: respetar la decisión de quienes lo sostienen. Y permitir que quien ha recibido el encargo pueda ejercerlo. Lo demás no es defensa. Es no haber entendido que el barcelonismo ya ha hablado.