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Opinión

Joaquim Piera

Joaquim Piera

Corresponsal en Brasil.

Antes Dembelé que Mbappé

El gran derrotado del Balón de Oro es el Real Madrid, reincidente en la falta de señorío que impone Florentino, y su astro francés, que seguirá sin ganar el trofeo

Mbappé seguirá sin saber lo que es ganar el Balón de Oro

Mbappé seguirá sin saber lo que es ganar el Balón de Oro / AP

El PSG y el Barça, mostrando músculo de La Masia en categoría masculina y femenina, fueron los grandes ganadores del Balón de Oro 2025. Y los derrotados, el Real Madrid, insistiendo en un ridículo institucional de tamaño planetario patrocinado por Florentino Pérez y su estrella Kylian Mbappé.

Ousmane Dembélé, jaleado ahora por la Caverna, le ha dado una lección a su amigo Kylian, mostrándole que lo de ganar una Champions, y consecuentemente un Balón de Oro, con el PSG era posible. Para ello, tuvo que ser reconstruido por un genio de los banquillos como es el gran Luis Enrique, que, con su tozudez, le hizo entender con toneladas de paciencia y pedagogía que en el fútbol moderno solo se gana a través de la concepción colectiva del juego y no con ataques de divismo y estrellismo.

Es Lucho quien ha hecho a Ousmane Balón de Oro. También lo intentó con Kylian, pero el actual astro del Real Madrid no quiso bajar del pedestal, como quedó claro en el icónico vídeo de la miniserie documental No tenéis ni **** idea, en la que el técnico asturiano se desgañitaba pidiéndole que fuera el primero en iniciar la presión, como hacía Michael Jordan en los Bulls.

Mbappé se fue del club-estado de Qatar por la puerta de atrás: sin Champions, sin Balón de Oro y pasando a la historia como un ególatra incapaz de entenderse con Leo Messi, el mejor jugador contemporáneo de la historia, y con Neymar Jr. La falta de sintonía futbolística de aquel tridente del PSG se debió única y exclusivamente al ego del francés, a quien los celos le quemaban por dentro y que quería ser solista.

Mientras Ousmane tocaba el cielo en el Théâtre du Châtelet, Mbappé, empequeñecido, lo felicitaba efusivamente en las redes sociales desde la distancia. El ex del Barça, a quien Xavi empoderó, tiene el honor de ser el sexto futbolista francés en ganar el Balón de Oro, en una selecta galería donde están Raymond Kopa (1958), Michel Platini (1983, 1984 y 1985), Jean-Pierre Papin (1991), Zinedine Zidane (1998) y Karim Benzema (2022).

Dembélé, como también Lamine Yamal, que es la estrella emergente del fútbol mundial, tienen la suerte de estar en dos ecosistemas donde sus respectivos técnicos, Luis Enrique y Hansi Flick, priman la fuerza del grupo y el fútbol de ataque, mientras sacan el látigo sin miramientos para imponer la disciplina. Si no, que se lo pregunten a Donnarumma, elegido mejor portero del año, 'guillotinado' en verano porque se aferró a su faraónico contrato.

Mbappé, en cambio, con la mayor prima de traspaso que ha habido en la historia de Occidente, ha podrido el vestuario del Real Madrid, descapitalizado de líderes españoles por obra y gracia de Florentino y roto entre bandos. La crisis abierta con Rodrygo y Vinicius Jr. (no es ninguna casualidad que ambos sean brasileños) es consecuencia directa de la desestabilización deportiva y financiera de Kylian, que sigue aferrado al absolutismo que también practicaba en París.

A todo ello, el Barça sonríe, monopolizando los premios Kopa con los canteranos, con Aitana Bonmatí extendiendo su reinado por tercer año (a los que hay que sumar los dos anteriores de Alexia Putellas) y con el de Rocafonda, con 18 años, siendo plata. Y todos formados en casa. Un lujo. Un caso único en la historia del fútbol.