Opinión

Colaborador de SPORT
Deberes para la próxima temporada

A Flick le acompaña la fortuna en esta primera temporada en el Barça / Valentí Enrich / SPO
Otra apuesta arriesgada de Flick, otro triunfo. El entrenador alemán se la jugó en Valladolid con una alineación inédita, en la que asumió a la vez un explosivo cóctel de riesgos: alineó hasta nueve jugadores suplentes, Ter Stegen regresó a la portería tras una grave lesión de siete meses, hizo debutar a un canterano desafiando la máxima que dice que siempre es mejor empezar arropado por titulares y juntó a varios futbolistas que jamás habían jugado juntos en un partido oficial.
Si el Barça llega a tropezar, los artículos ya estaban escritos (incluido este), con reproches a la temeridad del entrenador blaugrana. Pero, una vez más, Flick subió la apuesta, transitó un rato por el precipicio, y superó con nota el desafío que él mismo había planteado, no por ninguna casualidad, sino porque supo matizar y gestionar su osadía, dando entrada a Lamine, Raphinha y Olmo. Entraron los titulares, y se terminó la fiesta.
El técnico blaugrana tenía que encontrar un punto medio entre dar descanso a una plantilla exhausta, priorizar el trascendental partido de vuelta en Milán y, a la vez, no tirar la Liga, que de las dos grandes competiciones, es sin duda la más asequible. Flick lo logró, aunque el partido confirmó una verdad incómoda que sabemos desde hace meses: en este Barça hay un gran abismo entre titulares y suplentes, si sacamos de la ecuación a Fermín y Gavi, que se sienten siempre importantes aunque arranquen desde el banquillo. Pero es un hecho incontestable que el Barça sufre horrores cuando no juegan Lewandowski, Raphinha y por supuesto Pedri, y su estabilidad defensiva se tambalea sin Iñigo Martínez y Pau Cubarsí. El caso de Lamine, que ya ha entrado de pleno derecho en el selecto club de los mejores jugadores del mundo, hay que tratarlo a parte.
Para hacer comparaciones menos evidentes, la presencia de Lamine se parece cada vez más a la de Michael Jordan, con una capacidad de desbordar y de llevar el partido donde le da la gana que solo tienen los genios del deporte. Eso sí, sin Lamine, pero también sin parte de los titulares, el Barça mantiene su tono competitivo, pero pierde mucha calidad y determinación. Ya sabemos cuáles son los grandes deberes para la próxima temporada: armar un equipo B de garantías, que permita competir todos los títulos sin sobreexplotar a sus grandes estrellas. El talento ya está dentro, solo falta envolverlo bien.