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Ivan San Antonio

Ivan San Antonio

Redactor de la sección Barça

Cubarsí no es una persona cualquiera

Las heridas de Pau Cubarsí tras el partido ante Estrella Roja

Las heridas de Pau Cubarsí tras el partido ante Estrella Roja / FCB

No es que tenga cara de niño, es que lo es. Solo tiene 17 años, estudia en los ratos que el fútbol se lo permite y, por supuesto, aún no puede conducir. Mientras la mayoría de sus amigos de generación están más pendientes de pasárselo bien y descubrir lo que el mundo empieza a ofrecerles, él hace pareja en el Barça con un central vasco que le dobla en años. De hecho, muchos de los futbolistas con quienes ha crecido en el fútbol base siguen jugando en el Juvenil A. En el fondo, lo de Pau Cubarsí no tiene ningún sentido. Da igual que el primer equipo esté lleno de imberbes y que uno de ellos responda al nombre de Lamine Yamal. Lo suyo es (también) excepcional.

Cuando la memoria colectiva recuerda a los grandes futbolistas de la historia, la inmensa mayoría habla de Maradona, a quien Andrés Calamaro dedicó el verso que parafraseamos en el título de este artículo, y, lógicamente, a Messi, Cruyff o Pelé, todos ellos jugadores ofensivos, dedicados al oficio del gol en cuerpo y el alma. Por eso Lamine, talento puro sin cortar, brilla por encima del resto entre quienes dominarán el fútbol durante los próximos años. Pau es de esa estirpe de jugadores que no se conforman con vivir a la sombra de quienes deben resolver marcadores. Su capacidad para defender, su capacidad innata para defender, pulida durante años en la Ciutat Esportiva, sumada a su personalidad, le convierten en el proyecto hecho realidad más determinante de todos los que ha dado el fútbol base en años. Sí, al mismo nivel que su compañero de Rocafonda y, si el tiempo y su trayectoria lo permiten, acabará siendo también una leyenda.

No es cuestión de acordarse ahora de Cubarsí porque se haya roto literalmente la cara por el Barça en Belgrado, sino de colocarle al nivel que merece su aún incipiente carrera en un club tan mastodóntico como el blaugrana. El de Vilablareix es tan grande que, con el balón en los pies recuerda a Piqué y, sin él, a Carles Puyol. Un dos por uno ‘made in La Masia’ sin el que el crecimiento experimentado por el equipo en los últimos meses no habría sido posible. Irrumpió en la primera plantilla con la inconsciencia de un niño y la madurez futbolística de un veterano y esta temporada su presencia es ya incontestable. “Lo mejor está por llegar” no sirve como frase hecha para él; es una sentencia irrefutable por su juventud.

Cubarsí no es una persona cualquiera, es uno entre un millón, un elegido que ha llegado al fútbol no solo para devolver al Barça su grandeza, sino también para dignificar y poner el foco en esas zonas del campo a veces oscurecidas por el brillo de quienes viven del gol. Pau es capaz de ejercer su profesión con el método de un artesano y el alma de un artista. Este joven de 17 años es un regalo para el club que ama, pero también para cualquiera que ame el fútbol y con él la figura de central adquiere dimensiones que solo están al alcance de los más grandes. Quienes se enfrentan a él (y quienes comparten vestuario), como ha pasado con los mejores, siempre podrán contar a sus nietos que un día compartieron césped con él.