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Opinión

Javier Giraldo

Javier Giraldo

Subdirector.

El caramelo de Nico Williams

Nico, en el partido ante la Roma

Nico, en el partido ante la Roma

¿Fue cuestión de dinero o de romanticismo? Nos gusta creer que fue más bien lo segundo, y en este caso probablemente acertemos.

El pasado verano, Nico Williams decidió quedarse en el Athletic: era campeón de la Eurocopa y el Barça lo quería, pero dijo que quería protagonizar con su equipo la final de la Europa League que se jugará en San Mamés. Un argumento futbolero y familiar, porque parece que su familia así se lo pidió.

No conviene dudar de alguien como Nico, un jugador aún no contaminado por los excesos del mercado futbolístico. Es un jugador joven, fresco, dinámico; y bandera de un equipo con una identidad especial. Quizá demasiada responsabilidad para un chaval de 22 años, pero nada parece abrumar al menor de los Williams.

¿Qué pasará con Nico en el futuro? Nadie lo sabe. A los periodistas nos encanta especular -el verano es época propicia para ello-, como si los jugadores fueran simples números en el mercado bursátil. Y en este caso, imaginar a Nico en el Barça es un ejercicio que seduce tanto a los barcelonistas como amarga a los 'athleticzales'.

Da la sensación de que, pase lo que pase con el Athletic en esta Europa League, el nombre de Nico seguirá orbitando la atmósfera del Barça. Siempre ha sucedido así, guste o no: las redes del Barça o del Madrid se extienden por todo el territorio, y cuesta mucho resistirse. Algunos lo hicieron, como en su día Julen Guerrero, 'one club man' del Athletic. Otros, como Alkorta, hicieron las maletas.

(El caso de Iñigo, recién renovado, es diferente: aterrizó en Barcelona después de un sonado divorcio con el Athletic).

Como el niño que juega en la calle y no quiere subir a cenar pese a las llamadas de su madre desde la ventana, Nico sigue entretenido con su juguete. Se lo ha ganado. Volverá a sonar como posible refuerzo para el Barça, volverá a aparecer en portadas y a ver su nombre convertido en puro mercadeo.

Dos goles con su firma permitieron al Athletic remontar la eliminatoria ante la Roma y mantener vivo el sueño. '¡Williams, Williams!', coreó San Mamés. Llegados a este punto, sería bonito verle en esa final del 21 de mayo en Bilbao. Y después, ya se verá.