Opinión

Redactor de Barça
El Barça de Flick no es el mismo que al principio de temporada (y es una buena noticia)

El Barça sigue evolucionando / JAVI FERRÁNDIZ
La gran victoria de Flick es haber logrado que el culé no quiera perderse un solo partido del Barça. Puede sonar a objetivo de mínimos, pero no lo es: desde el adiós de Messi, una parte del barcelonismo miraba el equipo a la carta. Flick ha conseguido que ver jugar al Barça vuelva a ser un acontecimiento. Uno por el que vale la pena convocar a tus amigos en un bar (y renunciar a las comodidades de casa) o pasar frío en Montjuïc con la familia.
El Barça vuelve a ser divertido. Tan simple como eso. La mejor prueba es que reúne a espectadores ocasionales y culés de temporada; habituales de la abundancia y curiosos que quieren estar en la conversación. Pero además de un espectáculo, este Barça es un equipo estimulante porque está en permanente movimiento.
En sus primeros meses se definió por vivir en el alambre del fuera de juego y arrollar a los rivales a base de intensidad. Más tarde, terminó cayendo en un bajón ante los equipos más insospechados. Y ahora vuelve a ser un equipo temible, pero más equilibrado. El Barça no es el mismo que al principio de temporada y es una buena noticia.
Desde que regresó del parón, ha recuperado la misma sensación de urgencia, pero siendo menos temerario. En el clásico del Bernabéu, el Madrid cayó en fuera de juego 12 veces; en la Supercopa, una sola vez; y, sin embargo, el Barça fue igual de superior. No es que Flick haya renunciado a una defensa adelantada (el Betis la sufrió seis veces el miércoles), es simplemente que ha matizado la propuesta.
Flick está explorando nuevas posibilidades para que su Barça sea menos previsible. Ante el Madrid, cuando el equipo se quedó con 10, supo renunciar a la presión alta, para sobrevivir con un repliegue impecable. Pero seguramente el movimiento más estimulante fue la apuesta de Olmo como falso nueve ante el Betis.
Su presencia no solo le dio claridad y pausa al equipo en los espacios más decisivos, también permitió juntar a Frenkie, Pedri y Gavi con las alturas del 4-3-3. Del Barça de las tres alturas en el mediocampo se pasó a un rombo que le sentó muy bien al equipo. Con cuatro mediocampistas tan precisos hizo que el balón volara y multiplicó las combinaciones. Flick parece tener muy claro que en el fútbol, si no tocas lo que funciona, termina dejando de funcionar.
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