Opinión

Director adjunto de SPORT
Barça, una cuestión de madurez

Fermín y Gerard Martín lo pasaron mal ante Las Palmas / JAVIER FERRÁNDIZ
El Barça ha encadenado tres partidos en los que ha sumado un solo punto, una realidad radicalmente distinta a la vivida hasta ahora en la que en las once primeras jornadas sumó 10 victorias. El Barça, hoy, no tiene nada que ver con el que empezó el curso y se han perdido muchos mecanismos que le hacían contar los partidos por goleadas. ¿Qué pasa? se preguntan los jugadores. ¿Qué solución hay? Indagan los aficionados. ¿Cuál es la auténtica realidad del Barcelona? ¿La de antes o la de ahora? ¿Era un espejismo o ahora es solo una mala racha?
Complicadas respuestas que solo el tiempo dará y quitará razones. Hay algo, sin embargo, que va ligado al ADN de este equipo: su juventud. Fermín cumple su primera temporada al máximo nivel tras alternar la pasada encuentros con el primer equipo y el filial. Y venía del Linares. Y en la temporada anterior, del juvenil del Barça. El ritmo de los partidos, la contundencia de los rivales, pero sobre todo la intensidad del calendario le obligan a dar un salto de gigante porque estaba acostumbrado a un partido por semana, a descansar de lunes a viernes. Hoy tiene dos partidos por semana, una gala el viernes, y partidos con la selección cuando el calendario se le despeja un poco. Pasa de un ritmo a otro diferente. De un status a otro. Y adaptarse no es fácil. No solo es el caso de Fermín.
En el partido contra el Las Palmas había muchos jugadores que acaban de llegar. Pablo Torre viene de no jugar en su primera temporada en el Barcelona, a participar en 26 partidos el pasado curso en Girona, pero solo en uno jugó los 90 minutos, y ahora vuelve a entrar y salir con Flick sin demasiada continuidad. Torre, hoy, se le pide mayor ritmo mientras juega con la selección Sub21 o graba un anuncio antes de ir a la gala. Hay que adaptarse.
Cubarsí (17 años) está jugando a un nivel impresionante, pero tener continuidad es más complicado porque venía del juvenil. Y esto quiere decir que ganaba la mayoría de los partidos ante rivales que se encerraban atrás. A él se le exigía poco defensivamente en cada uno de los partidos semanales que jugaba. Hoy, no se pierde ni un partido con Flick y, como los otros, debe cambiar el paso. Lamine (17 años) es otro caso parecido. Venía del juvenil, con un partido por semana, apenas jugó en el filial y en el primer equipo se le pide que sea la estrella cada día. Cuando ni en el juvenil se le exigía este nivel de decidir.
¿Qué quiere decir todo esto? Que son jugadores muy buenos, que es una generación magnífica, pero otro caso es que estén suficientemente maduros, preparados, para dar siempre el callo en el primer equipo. Que estén listos para rendir al máximo un miércoles y un domingo, habiendo salido al escenario en una gala con el Liceu lleno aplaudiéndoles, después de haber grabado un anuncio de publicidad horas antes en La Báscula, campo en el que jugaban hace apenas un par de años.
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