Opinión

Coordinador Jefe de Barça.
Balón de playa
Tras el disfrute del clásico en el Santiago Bernabéu, Rodri marcó el lunes el 0-5

Vinicius, en el último Clásico / EFE
Corren buenos tiempos para los barcelonistas y no tan buenos para los madridistas. Tras mostrarle a todo el fútbol europeo que el Barça ha vuelto goleando a todo un Bayern de Múnich, los de Hansi Flick se exhibieron tres días después en el Santiago Bernabéu en una segunda parte memorable. La superioridad azulgrana fue tal que muchos culés pusieron el grito en el cielo cuando Sánchez Martínez solo dio dos minutos de descuento, impidiendo así una nueva manita histórica en Chamartín como aquella inolvidable del 17 de febrero de 1974 con Johan Cruyff al mando.
Los aficionados del Barça no sabían en aquel momento que el disfrute, el orgasmo, se iba a extender hasta el lunes. Cuando todo el mundo daba por hecho que Vinicius iba a ganar el Balón de Oro, llegó el quinto del Barça. Rodri marcaba el 0-5 arrebatando el preciado galardón al delantero brasileño del Real Madrid. Las risas en Barcelona y en muchos otros puntos del planeta Tierra se oyeron hasta en Marte.
La decisión, además, conllevó un ridículo sideral en la capital. Del Real Madrid como institución y de Florentino Pérez, anulando el viaje a París, ganándose las críticas de todo el fútbol europeo, la animadversión de la UEFA y dando todo el protagonismo de la gala al FCBarcelona, que reinó con Lamine Yamal y copando el podio femenino con Aitana Bonmatí, Caroline Graham Hansen y Salma Paralluelo. También de muchos propagandistas blancos, que no sabían como debían hacerlo para criticar la decisión de los organizadores del Balón de Oro teniendo en cuenta que el ganador era Rodri, uno de los capitanes de la selección española que había ganado la Eurocopa y que se convertía en el segundo jugador español que ganaba el trofeo tras Luis Suárez. Y, evidentemente, del propio Vinicius, el jugador que solo unos días antes, ya con 0-4 en el marcador, se encaró con Gavi y le repitió varias veces que él, el lunes, sería Balón de Oro.
Y no lo fue por actitudes como la que tuvo con Gavi y como las que ha tenido desde siempre con otros compañeros de profesión y aficiones rivales. Porque el ‘fair play’ es uno de los factores que se tienen en cuenta a la hora de votar. Si no lo ganó, no fue por su calidad, que es indiscutible, fue por su manera de actuar en un campo de fútbol. Y, evidentemente, no fue por racismo, como alimentaron después desde Brasil y desde el entorno del propio jugador. Fue por su falta de deportividad que ha provocado que sea un jugador nada querido por las aficiones rivales. La mayoría de ellas ya están preparadas para cuando el brasileño visite sus estadios. Los cánticos de “Vinicius Balón de playa” ya se oyen por las gradas.
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