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Opinión

Lluís Carrasco

Lluís Carrasco

Colaborador de SPORT.

Agua para los camellos

Joan Laporta, en la comida de Navidad

Joan Laporta, en la comida de Navidad / DANI BARBEITO

Es realmente así, las fiestas navideñas nos transforman un poco a todos. Estos días quien más quien menos vive un cierto desorden social y emocional rodeado de algunas personas que realmente quiere, otras que aprecia y unas pocas, las menos, que realmente te vienen impuestas y te dan un poco igual.

Días que provocan que esta 'Contra' la envíes a destiempo al no saber del todo en qué tiempo vives y qué hogar tienes aún que visitar en una frenética gincana entre sonrisas, turrones y alcoholes de diferente graduación.

Parece que hayan pasado semanas desde la última y referente asamblea extraordinaria de socios compromisarios. En ella se debía dilucidar si el selecto grupo elegido en representación de los propietarios del Futbol Club Barcelona daba luz verde al acuerdo a 14 años vista y hasta 2038 para vestir la marca de la multinacional americana con sede en Oregón. ¿El montante? 1.400 millones de euros que, con bonus, podrían alcanzar los 1.700. Y se aprobó. No fueron pocas las voces, normalmente relacionadas de alguna manera con quiénes mueven las riendas del club, que alabaron el acuerdo por el ingreso impresionante que se exhibía, y más en un momento de penosa penuria económica. Por otro lado, y también tras intereses, o no, más o menos discordantes con los actuales gestores del club, quiénes ponían en duda la mayor, y desconfiaban del montante, del tiempo de duración del patrocinio, de las negociaciones establecidas y… ¡Hasta de las personas que habían intervenido!

Y como siempre últimamente, lagunas de difícil discernimiento para los que no estamos en la pomada del día a día ejecutivo del club, y con demasiado espacio para el ruido, la interpretación, la desconfianza y la especulación.

Sin duda lo que más tinta ha versado, el nombre de Darren Dein, profesional que, según el club, ha sido mediador imprescindible de la operación, y que según los críticos resulta un personaje misterioso, evitable y prescindible entre dos viejos conocidos como Barça y Nike.

Yo prefiero confiar. En realidad, es muy sencillo, pero nos emperramos en complicarnos la vida. Si, como parece, y en un momento de grandes diferencias, Dein resultó crucial, es tan fácil como que ambas partes coincidan públicamente en el trascendental papel que jugó el agente inglés. La opinión de Laporta ha estado clara y meridiana, y espero que Nike haga lo propio y destaque su fundamental papel, aniquilando rumores que no hacen otra cosa que alimentar a quiénes nos quieren bien poco.

Tal vez esa declaración la traigan los Reyes Magos. Yo, por si acaso, dejaré mi zapato bien visible y agua para los camellos.