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Opinión | FC BARCELONA

Dídac Peyret

Dídac Peyret

Redactor de Barça

La actitud de Lamine (y por qué no es Messi)

Lamine volvió a lo grande

Lamine volvió a lo grande / Valentí Enrich / SPO

La actitud de Lamine Yamal es una de las grandes transgresiones de la historia del Barça. Su desparpajo, y la naturalidad con la que se tiene fe, contrasta con la tendencia al pesimismo preventivo y discreción del culer. El aficionado al Barça disfruta del despliegue de Lamine con el freno de mano puesto.

En lugar de vivir el momento, se ha instalado en un mundo de especulación: ¿qué será de Lamine dentro de 10 años? ¿Es bueno para su carrera no haber ganado el Balón de Oro? En nuestro intento por amoldarlo a nuestras expectativas le hemos atribuido, incluso, cualidades de Messi aunque sienta el fútbol como Neymar.

Lamine exhibe su vida y sus éxitos como los jóvenes de su tiempo: sin miedo a la ostentación. Es una estrella global, maneja los códigos de la generación Z con las redes sociales y, fuera del campo, se expresa con la confianza con la que tira un caño a sus rivales. La misma que mostraba cuando era solo un niño y trataba de convencer a su madre, Sheila Ebana, de que aparcar los estudios no era temerario.

Un día llamé a mi madre y le dije: 'mamá, voy a ir al cole, pero no voy a hacer nada. Voy a prepararme para el entreno de esta tarde'. Y ella me contestó: '¿qué te has tomado?'. Pero yo le dije: 'tranquila, si me centro en ser futbolista voy a ser futbolista. No le recomiendo a nadie que haga esto, pero era mi sueño y lo conseguí".

Hay una ambición en todo lo que hace que puede confundirse con arrogancia, pero no hay mejor manera de conectar con Lamine que escucharlo. Es emocionante el poso y la profundidad de algunas de sus reflexiones con solo 18 años. También su sentido de la responsabilidad y la naturalidad con la que habla de episodios graves de su vida como el apuñalamiento de su padre o sus problemas de adaptación.

Siendo un niño, por ejemplo, descubrió las diferencias de rango social cuando cambió de escuela y reconoce que se desconectó y cometió errores. "Yo venía de un colegio donde me encontraba al de mi barrio, al de la panadería, a de la carnicería... y descubrí cosas que no conocía. Ahora lo haría diferente, pero si no lo hubiese vivido entonces, a lo mejor me equivocaría ahora. He tenido que vivir mucho para saber lo que quiero".

Más allá del Lamine que se exhibe en las redes sociales, hay muchas más capas en su personalidad que lo hacen interesante. Una de ellas, la madurez que también muestra en el campo sin perder el sentido lúdico de la calle. Lamine no ganó el Balón de Oro, porque no tenía los mejores números ni levantó la Champions, pero ninguno hizo sentir tantas cosas al aficionado como él la temporada pasada.

Asusta pensar hasta dónde puede llegar este niño prodigio que asume la presión sin los miedos de los adultos. Lamine se ha convertido en el gran acontecimiento de este deporte porque no hay otro futbolista más divertido de ver. Por eso es el gran ídolo de los más pequeños. Lo resumió Valdano hace solo unos meses: “antes de ser el nuevo Messi, los niños ya quieren ser el nuevo Lamine”.