Opinión

Subdirector.
6.400 kilómetros entre Mbappé y Vinicius

Kylian Mbappe, junto a Luis Mata / MAXIM SHIPENKOV
¿Cuál es el Madrid real?, se preguntarán los aficionados blancos. ¿El equipo que rozó el ridículo en el Metropolitano o el que tramitó con solvencia su visita a Almaty? Cruz y cara en cuestión de cuatro días: cosas del fútbol moderno, en el que los equipos pasan de jugar un partido de Liga en Madrid a otro de Champions en Kazajistán sin tiempo para digerir el resultado ni para preparar el partido siguiente.
Gustará más o menos, pero Xabi Alonso es un entrenador que toma decisiones. No todos pueden decir lo mismo. En Almaty, por ejemplo, el técnico vasco apostó por Alaba como titular en el centro de la defensa. Muchos focos apuntaron al austríaco, que la pasada temporada solo jugó dos partidos completos. Este curso, apenas dos ratitos (un par de minutos ante la Real, ocho ante el Levante). La decisión de Alonso tuvo su riesgo: cualquier contragolpe del Kairat, cualquier fallo en defensa, hubiera condenado a Alaba de nuevo al escarnio público: curioso fenómeno el de este jugador, que llegó convertido casi en Beckenbauer y ahora, a juicio de algunos, más bien parece Woodgate. Ni antes era tan deslumbrante ni ahora tan prescindible.
El partido de Almaty (por si no se ha dicho lo suficiente, se jugó a más de 6.400 kilómetros de Madrid) también retrató la diferencia entre dos futbolistas del Real Madrid. De un lado, Mbappé, convertido sin duda en faro y referencia del ataque del conjunto blanco. Es un jugador plenamente enfocado en mejorar su rendimiento a cada partido.
Sin distracciones ni malas caras ni gestos a la grada. Suyos fueron los tres goles que sirvieron para empezar resolver el partido: el segundo, por cierto, el primero en jugada del Real Madrid en esta Champions (los tres primeros habían llegado desde el punto de penalti). El francés suma 13 goles en nueve partidos esta temporada: con cifras para quitarse el sombrero.
De otro lado; Vinicius, el jugador que aún intenta asumir su pérdida de jerarquía: ha pasado de ser la estrella indiscutible del Madrid a ser un buen futbolista de ataque. De ocupar el podio del Balón de Oro a la decimosexta posición. Nadie dijo que fuese un asunto fácil de gestionar, pero bien haría el brasileño en fijarse en el francés. O en Mastantuono, que está protagonizando un crecimiento sostenido en el primer equipo del Real Madrid a sus 18 años.
De vuelta de Almaty, otros 6.400 kms entre pecho y espalda, el Madrid tiene motivos para presumir de Mbappé y preocuparse por Vinicius. Parece que entre ambos medie un abismo, como si uno viviera en Madrid y otro en Almaty.
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