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¡Dios mío, qué poco conocen a Marc Márquez!

Marc Márquez en DAZN: "No voy a ser tan conservador con mi deseo de 2025"

DAZN estrena una entrevista exclusiva con el piloto antes del GP de Argentina, en la que habla de sus metas para este año / DAZN

Emilio Pérez de Rozas

Emilio Pérez de Rozas

Se ha hecho bastante popular entre los habitantes del ‘paddock’, entre los aficionados que siguen, día a día, las carreras de MotoGP, un video, casi casero, en el que el jefazo de Ducati, Gigi Dall’Igna, el ingeniero que creó la invencible Ducati ‘Desmosedici’ y acabó fichando, el pasado verano, a Marc Márquez Alentá, ocho veces campeón del mundo de motociclismo, le recomienda “calma y paciencia” a su nuevo piloto, de 32 años, después de sufrir una caída cuando dominaba, a placer, por tercer fin de semana consecutivo (Tailandia, Argentina y EEUU), el Gran Premio de Austin.

Recomendar “calma y paciencia” a Marc Márquez Alentá es no tener ni idea de quién es Marc Márquez Alentá, cómo es su mente, cómo ha construido su vitrina, su palmarés, su mito y para qué ha venido a este mundo. MM93 decidió hace ya mucho tiempo que, después de convertirse, en 2019, en el piloto más impresionante de la historia ganando su octavo título con 12 victorias, 6 segundos puestos y una caída, curiosamente también en Austin (Texas, EEUU), volvería a ser campeón del mundo tras fracturarse (Jerez-2020) el húmero derecho, sufrir cuatro operaciones y años de sacrificio y rehabilitaciones a sus espaldas.

Márquez ha aprendido sobre el dolor. Márquez jamás cambiará su estilo, su agresividad, su determinación. Márquez ha conquistado victorias (90), podios (152, más de la mitad de los grandes premios que ha corrido: 270), ‘poles positions’ (97, récord histórico) y títulos (8), cayéndose, haciéndose daño, levantándose y volviendo a arriesgar. A Márquez no sirve de nada pedirle “calma y paciencia”. Todo el mundo sabe, en el ‘paddock’ de este Mundial, que con el mayor de los Márquez no se negocia, no hay nada que hacer. Su vida es puerta grande o enfermería. "Quién dijo miedo, habiendo hospitales", decía Luis Moya, histórico piloto del no menos histórico y triunfador Carles Sainz (padre).

Márquez ha aprendido sobre el dolor. Márquez jamás cambiará su estilo. Márquez ha conquistado victorias (90), podios (152, más de la mitad de las carreras que ha corrido: 270), ‘poles’ (97, récord histórico) y títulos (8), cayéndose, haciéndose daño, levantándose y volviendo a arriesgar.

Cuando después de tantos y tantos sacrificios, de tanta y tanta desilusión, de tanto temor ante la posibilidad de no poder volver a correr, Márquez recupera su cuerpo, su físico, su fuerza, tras reconstruirle su húmero en EEUU y se da cuenta de que Honda no tenía moto para ayudarle a volver a ser el mejor, se trazó un camino para regresar a lo más alto del podio.

Y ese camino se está cumpliendo, paso a paso: dejó Honda (gracias a los japoneses, que lo liberaron de su contrato), renunció a decenas de millones de euros, se fue a un equipo privado, familiar, como el Gresini Racing Team, consiguió una Ducati de segunda mano (o de segundo año) y volvió a ganar como ganaba en 2019. Su telemetría, sus datos, su arrojo, impresionaron tanto, tanto, a Dall’Igna, que el jefe rojo decidió descartar a Jorge Martín y fichar a Marc Márquez.

Y, a partir de entonces, no han parado de sorprenderse. ¡Dios mío, que poco conocen a Marc Márquez! Márquez no ha llegado hasta aquí para asustarse tras su primera caída. Nadie debería sugerirle calma tras su primer error en meses, en años. Márquez ha ganado títulos, muchos, cayéndose 25 veces en esa misma temporada. Márquez no hace prisioneros. Márquez gana, se traza objetivos y los conquista.

El truco de Austin

Dall’Igna debería recordar que la noche de la impresionante presentación del equipo Ducati, en Madonna di Campiglio, cuando todos los focos se situaron sobre Marc Márquez, la ceremonia de aquel evento tuvo 4.400.000 reproducciones en redes, cuatro millones más que, en 2024, cuando el equipo que se presentaba estaba formado por Francesco Bagnaia Enea Bastianini. Alguien le mostró, en un móvil, ese dato a Márquez y el piloto de Cervera le guiñó un ojo, como diciendo “¡primer paso! ¡primera conquista! ¡primera victoria! ” Cuando tú fichas a Marc Márquez Alentá entras en una nueva dimensión.

Luego vino el mejor tiempo en los últimos entrenamientos de pretemporada en Buriram. El doblete en Tailandia, el doblete en Argentina y, casi, casi, el doblete en Austin. Sí, casi. Fue en EEUU, uno de sus circuitos preferidos, donde Márquez abandonó, estratégicamente, la parrilla de salida para provocar que todos los demás pilotos le siguieran y cambiar su moto de agua por la de seco. En cuanto él echó a correr, Bagnaia saltó tras él y así todos.

“Marc demostró en Austin ser el líder natural de este ‘paddock’”, dijo el francés Hervé Poncharal, dueño del equipo Tech3 y presidente de la asociación de escuderías. “Marc es un prodigio de piloto. No solo es el más rápido, tiene un cerebro privilegiado, es capaz de recalcular cada variable durante la carrera en una milésima de segundo. Después de cuatro operaciones y cuatro años de sufrimiento, sigue arriesgando como antes, como siempre”.

Márquez quiere, ansía, necesita, persigue, pelea por volver a ser campeón del mundo de MotoGP. La gesta será o no será. Pero, si es, lo será a su modo, a su manera, a su estilo: arriesgando. “Lo importante de caerte es saber por qué te has caído. Y yo sé por qué me caí en Austin”. Márquez no necesita calma y paciencia. Necesita otro gran premio. Por ejemplo, este de Catar, donde, dicen, no es favorito, lo es Bagnaia. O Àlex, su hermano, que es el primero que sabe que Marc está hecho del material con el que se fabrican los sueños.

Vía: El Periódico

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