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El conejo de monte en España: entre el declive general y el exceso local

Decenas de depredadores, como el lince o el águila imperial, dependen de este animal para su supervivencia

El conejo de monte, pese a tener altas densidades en algunas zonas, está amenazado en España

El conejo de monte, pese a tener altas densidades en algunas zonas, está amenazado en España / Shutterstock

España es tierra de conejos. De hecho, de ahí viene su nombre, según algunas teorías. Sin embargo, cada vez hay menos ejemplares de este mamífero en los montes. Y, de continuar esta tendencia, las consecuencias podrían ser catastróficas. Porque, entre otras cosas, este pequeño animal es parte indispensable de la dieta de especies amenazadas de gran valor en la Península Ibérica, como el águila imperial o el lince ibérico.

Su densidad es alta en las zonas asociadas a medios agrícolas (las mesetas sur y norte y los valles del Ebro y Guadalquivir), pero los números arrojan una situación preocupante en el monte mediterráneo, las sierras extremeñas o gran parte de Portugal.

Trazar las causas no es, ni mucho menos, una tarea sencilla. Pero los datos sí reflejan una distinción evidente: según el primer censo del conejo de monte en la Península Ibérica elaborado por WWF con datos entre 2009 y 2022, en las zonas forestales y en los montes la población ha caído casi un 58%, mientras que en los suelos agrícolas el descenso ha sido del 10%. La media de caída es del 18%. El cambio de los usos del suelo parece la principal razón del decrecimiento constante del número de ejemplares.

Distribución del conejo de monte, con grandes diferencias en España

Distribución del conejo de monte, con grandes diferencias en España / WWF

A ello contribuye decisivamente la desaparición del paisaje tradicional en mosaico (es decir, áreas en las que se intercalan hábitats naturales y usos humanos como campos de cultivo, pastos, bosques y áreas de matorral) y la proliferación de enfermedades.

En zonas forestales y en los montes la especie ha perdido casi un 58% de sus ejemplares desde 2009

Rafael Villafuerte, investigador científico del CSIC en el Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC), detalla cuáles son estas enfermedades: «Víricas como la mixomatosis (detectada desde los años 50) y la enfermedad hemorrágica vírica (RHD, desde finales de los 80. Ambas han provocado los mayores descensos desde su aparición y siguen causando mortalidades periódicas», puntualiza. Tras esto, menciona también la pérdida y la transformación del hábitat y la acción de los depredadores, «cuyo impacto se vuelve más significativo cuando las poblaciones ya han sido debilitadas por otras cosas». Sin embargo, recuerda que, pese a todo, los depredadores «no suelen ser el origen del problema».

Este declive ha sido certificado por la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN), que incluyó al conejo de monte en 2019 dentro del listado de especies en peligro de extinción.

El conejo de monte es básico para la alimentación de importantes especies

El conejo de monte es básico para la alimentación de importantes especies / WWF

Villafuerte señala a su vez un hecho aparentemente contradictorio: en algunas áreas agrícolas, las concentraciones de conejo de monte están creciendo hasta el punto de causar daños severos. «Se han beneficiado de las infraestructuras lineales, como autovías y vías férreas, que les proporcionan refugio para excavar madrigueras y los protegen tanto de cazadores como de depredadores. En muchas regiones, estas poblaciones se han establecido firmemente y todo apunta a que seguirán expandiéndose», explica.

El papel de la caza

El conejo no ha dejado de estar incluido en España dentro de las especies cinegéticas. Por eso, su gestión es competencia autonómica. «De un total de 307 áreas, más del 95% aplican estrategias para recuperar las poblaciones de conejo y perdiz y, además, su uso se ha incrementado durante las últimas décadas. Entre las medidas más frecuentes se encuentran las mejoras de hábitat (por ejemplo, la creación de madrigueras y refugios, siembras, desbroces…), el control de la actividad cinegética (con la reducción del número de animales cazados o de días de caza), el control de depredadores, las campañas de vacunación y desparasitación y las repoblaciones», cita el ‘Atlas y libro rojo de los mamíferos terrestres en España’ elaborado por el Ministerio para la Transición Ecológica.

El lince se alimenta en gran medida de conejos

El lince se alimenta en gran medida de conejos / Efe

Aunque suelen ser blanco de críticas, en este caso Villafuerte reconoce que la gestión de los cazadores ha resultado «realmente importante»: «En 118 muestreos realizados en el centro y sur de España, comprobamos que las mayores abundancias de conejo se producen en los cotos de caza (en comparación incluso con áreas protegidas), posiblemente debido a las cuantiosas prácticas de gestión realizadas para incrementar la caza. Precisamente las zonas de mayor abundancia y diversidad de especies depredadoras ‘conejo-dependientes’ suelen estar en áreas cinegéticas», subraya.

No existe otra zona del mundo donde el conejo sufra una presión tan alta como en el área mediterránea, y en particular en la Península"

Fundación para la Conservación de la Biodiversidad

La desaparición del conejo podría alterar de forma grave ecosistemas enteros, y la razón es sencilla: se ha demostrado que hasta 48 especies de vertebrados son depredadores del conejo en la Península Ibérica, en mayor o en menor medida. Para valorar este peso, basta con ver que los mismos estudios señalan que en Francia este número bajaría a 30 y en Inglaterra, a nueve. «No existe otra zona del mundo donde el conejo sufra una presión tan alta como en el área mediterránea, y en particular en la Península, ya que los conejos ibéricos no tienen ‘especies redundantes’ que desempeñen un papel funcional similar. Los conejos pueden representar gasta el 25%del total de presas de los depredadores ibéricos», afirman desde la Fundación para la Conservación de la Biodiversidad CBD-Hábitat.

Base de la dieta del lince ibérico

Estas mismas fuentes cifran en el 85% el peso del conejo en la dieta del lince ibérico. De hecho, las estrategias para la recuperación de este emblema de la fauna nacional tienen muy presente la salud del conejo de monte, tan y como detalla el MITECO.

Como en tantas otras cuestiones relacionadas con la naturaleza, encontrar la solución al descenso de la población del conejo de monte no es sencilla. «Ahora mismo es difícil entender que se tenga que fomentar una especie clave de los ecosistemas naturales, cuando en áreas agrícolas genera daños y hay que controlarla. Por eso, es fundamental definir con claridad tanto las zonas como las estrategias que deben aplicarse en cada caso», explica Rafael Villafuerte, que recuerda que en la Península Ibérica existen dos especies de conejo («son animales bien distintos y muchos investigadores creemos que deberían ser especies distintas», asevera) que deberían gestionarse de forma diferenciada.

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ENTREVISTA. Ramón Pérez de Ayala, coordinador del proyecto Life Iberconejo

«En España hay variaciones de densidad brutales»

Ramón Pérez de Ayala ha dedicado su carrera profesional a iniciativas de conservación. Desde hace unos años es responsable de proyectos del programa de especies de la sección española de WWF y desde 2021 dirige el proyecto LIFE Iberconejo, respaldado por la Unión Europea. Ahora mismo se encuentra redactando el documento final.

Ramón Pérez de Ayala

Ramón Pérez de Ayala / WWF

-¿Qué conclusiones han sacado con el proyecto Life Iberconejo?

-Lo principal ha sido poner en marcha un sistema de seguimiento de las enfermedades, los daños y de la propia población del conejo. Hasta ahora no se sabía lo que estaba pasando y no se podía comparar entre diferentes zonas. Ahora hemos conseguido que todas las comunidades estén de acuerdo y vuelquen la información en un mismo sitio.

-Han censado la población.

-Sí, y hemos visto que hay unas variaciones de densidad brutales. Hay zonas con abundancias bestiales, normalmente agrícolas, donde tienen mucho alimento y sus depredadores no tienen refugio, donde no paran de crecer y producen daños tremendos. Y también existe la situación contraria: en las zonas de monte se han abandonado muchas parcelas de cultivo, cada vez tienen menos comida, sigue habiendo mucha depredación y se continúa cazando. Ahí, las poblaciones cada vez están peor, con descensos superiores al 50 por ciento.

-Han elaborado el ‘Manual de buenas prácticas para la gestión de conejo de monte’.

-Sabemos qué va bien y qué va mal, el problema es que las medidas no tienen siempre el efecto que buscamos. Son tantísimos los factores que afectan a la especie que, al final, lo que funciona es una combinación de muchas medidas. Hay que intentar abordar el problema desde una escala grande. Por eso, la tercera pata del proyecto es un comité de coordinación a escala ibérica, donde están las administraciones, ecologistas, conservacionistas, agricultores y cazadores. Entre todos intentamos buscar soluciones.

-Ahora están intentando poner en marcha otro proyecto. ¿En qué consiste?

-Estamos pidiendo a la Comisión Europea otro LIFE para seguir con el trabajo sobre el terreno. Hay once zonas piloto, cinco de prevención de daños y seis de fomento de las poblaciones. En todas existen distintos contextos sociales y ecológicos, pero vamos a ejecutar más o menos las mismas acciones en todos para intentar conseguir un efecto global. Pero es complicado, pues para el proyecto anterior necesitamos cuatro intentos para lograrlo. El conejo es muy ibérico y en Europa no entienden ni la relevancia que tiene como especie clave ni se imaginan que pueda causar estos daños.

-¿Qué papel juegan los cazadores en esto?

-El sector es esencial porque ellos son los que están sobre el terreno y los que lo gestionan, muchas veces muy bien. Ellos son los primeros interesados en tener conejos para cazar. Uno de los temas que queremos ver en este nuevo proyecto es el efecto que tiene la presión cinegética sobre las poblaciones. Para el control son esenciales, pero es una solución puntual. Nunca vas a cazar tanto como para eliminar una población. Y, si no se cambian las condiciones del medio, al año siguiente vas a volver a lo mismo.

Vía: Información