ESPECIAL 8-M
Tere Saurí: “Éramos auténticas guerrilleras”
La exjugadora de Foios fue una de las pioneras del fútbol femenino y la primera capitana del Levante UD, en una época en la que jugar implicaba viajar sin dormir y pagar de su bolsillo

La capitana alza la Copa de la Reina / Alberto Estévez
Nagore Lleonart
De no tener referentes, a convertirse en uno de ellos. Tere Saurí (Foios, 1971) es una de las pioneras de fútbol femenino. Con la casaca del Levante UD, la de Foios consiguió hitos que por aquel entonces eran inimaginables y que a día de hoy ningún equipo ha logrado superar. Formaba parte de ese grupo de valientes mujeres que hicieron oídos sordos a quienes cuestionaban que pudiesen jugar al deporte rey. Rompieron los moldes, pusieron los cimientos y abrieron un camino para que las nuevas generaciones solo tengan que preocuparse de jugar, hasta el punto de que su legado fue recordado en la final del Mundial donde España tocó el cielo.
Tere Saurí lo tuvo claro desde bien pequeña. Ella no quería saber nada de muñecas ni de nada que tuviese que ver con los juegos que tradicionalmente se asociaban a las niñas. Lo suyo era el balón o cualquier cosa que se hiciese pasar por uno: “Mis padres me cuentan que desde bien pequeñita lo único que hacía con las muñecas era quitarles la cabeza y jugar a fútbol con ella. Siempre he querido balones. Me daba igual si eran de tenis, de frontón, de fútbol… de lo que fuera. Pero también tenía claro que no podía, porque en ese momento las chicas no podíamos jugar al fútbol”.
Unas guerreras que dieron guerra hasta el final
Aun así luchó por un sueño que no tenía nombre. Porque le gustaba jugar al fútbol, quería jugar al fútbol y tenía derecho a jugar al fútbol. El San Vicente Valencia —cuatro años después de su fundación fue absorbido por el Levante— tenía entre sus filas a “mujeres luchadoras que les daba igual lo que la gente opinara de ellas”, reconoce Tere. “Nadie nos tenía por qué decir que no podíamos. Aunque nos pusiesen mil piedras las íbamos a tumbar. Éramos unas auténticas guerrilleras y dimos guerra hasta el final”, expresa orgullosa. No es para menos.
La de Foios tuvo la suerte de ser maestra y tener un horario que podía compaginar, pero algunas de sus compañeras tuvieron “que inventarse excusas para poder jugar los fines de semana para poder faltar al trabajo”. Ninguna era profesional, porque ni siquiera cobraban —es más, jugar les costaba mucho dinero— pero se comportaron como si lo hubieran sido: cuidaban su alimentación, no salían de fiesta… y un sinfín de enormes sacrificios. “Muchas jugadoras perdieron sus trabajos. Ahora lo están pagando, porque no pudieron cotizar. Pero hablas con ellas y es muy curioso, porque dicen que: ‘lo volvería hacer una y mil veces’”, confiesa.
A lo largo de su trayectoria, Tere ha jugado un gran número de partidos. Pero hay uno que recuerda con especial cariño. Fue con el San Vicente y se disputó en Oviedo. Al llegar al campo, se encontraron un ambiente muy hostil, pero lograron sacar el partido. Ganaron la liga, la primera que conquistaba un equipo valenciano. “A día de hoy no me explico cómo lo hicimos”, reflexiona entre risas. Y lo celebraron a lo grande, como se merecían: “Volvimos a Valencia y fuimos a la Plaza del Ayuntamiento a celebrarlo, acabamos tiradas en la fuente. Eran las seis de la mañana, la gente se iba a trabajar y se nos quedaban mirando”, recuerda.
Antonio Descalzo, el ‘loco’ visionario
No hay nada mejor que alguien confíe en ti y explote todas tus virtudes. Ese alguien para Tere Saurí fue Antonio Descalzo. A finales de la década de los 90 todavía no se había hecho nada por el fútbol femenino, hasta que llegó él. “Cuando vimos que alguien confiaba en nosotras fue… con él hubiéramos ido a la guerra”, asegura la defensa. El entrenador valenciano apostó por ese grupo de mujeres que, mientras dirigía al primer equipo masculino del San Vicente Ferrer, se le acercó porque querían entrenar. Después de la sorpresa, llegó la acción. Y como resultado: el Levante cerró la Liga 2000-01 con pleno de victorias (26), con 240 goles a favor —mayor goleada por 27-0 frente al Terrasa— y solo cinco en contra. Unos números que ningún otro equipo ha podido igualar.
Inscribir su nombre en la historia
“Ganamos todo lo que nos ponían por delante”, reafirma Tere. Si hoy en día, cuando las jugadoras pueden dedicarse plenamente al fútbol, no es fácil alcanzar —y mantener— ese nivel, en aquella época cada éxito valía el doble. “Íbamos a jugar sin dormir. Salíamos a las cuatro de la mañana para llegar a las diez al campo y jugar. Así ganamos la Liga, la Supercopa y la Copa de la Reina”. Unas copas que fue ella la encargada de alzar al cielo. Porque Tere fue la primera capitana que tuvo el Levante. Y solo cuando colgó las botas se dio cuenta de que había sido una pionera.
Tras conseguir el triplete, el Levante volvió a inscribir su nombre en la historia. Por primera vez se disputó la Champions League —conocida entonces como Copa Femenina—y, como no pudo ser de otra manera, el conjunto granota estuvo en la cita europea. “Fue una pasada. Cuando llegamos a Frankfurt dijimos ¿qué es esto? Un equipo femenino que tenía su propia ciudad deportiva, que entrenaba por las mañanas, que comían allí y descansaban. Así estaban… Eran una locura de jugadoras. Ver ese ambiente con el estadio lleno fue un: esto es lo que quiero yo en España. ¿Por qué las alemanas pueden y nosotras no?”, se cuestionó en aquel momento.
“Nosotras pusimos a cinco mil personas en el estadio”
Otro de los partidos que recuerda con orgullo llegó precedido de una derrota que les impidió hacerse con la liga. “Aquello fue muy duro y empezaron a cuestionar si el esfuerzo que había hecho el club valía la pena”, comenta la eterna capitana. Ellas decidieron responder sobre el verde. Poco después disputaron la final de la Copa de la Reina en el Campo de Orriols —el actual Ciutat de Valencia—. La ganaron ante la atenta mirada de los cinco mil asistentes que acudieron a la gran cita por ellas, literalmente: “Nosotras pusimos a esas personas en el estadio, porque un día fuimos a la playa de la Malvarrosa y a colegios a repartir entradas y convencer a la gente de que vinieran a vernos”.
La reivindicación en el Colegio Alemán
Su etapa en la entidad levantinista se acabó en 2004. Con 31 años, Tere Saurí sentía que todavía tenía fuelle para seguir rindiendo al máximo nivel, pero el cuerpo técnico no consideró lo mismo. “No fue un fracaso, pero sí una decepción”, reconoce. Al poco tiempo le llegó la oportunidad del Colegio Alemán —antiguo Valencia CF—, que militaba en la categoría de plata. Aceptó la propuesta porque quería seguir jugando y tres temporadas después, en la 2006-07, ascendió a Primera División. “Lo viví como cualquier título con el Levante. También fue una forma de demostrar, no a mí misma porque yo lo sabía, sino a los demás de que era capaz de jugar a un nivel alto”.
Pero los años pasaron y la edad comenzó a hacerse notar. “Yo quiero dejar el fútbol, antes de que el fútbol me deje a mí”. Una frase que entonó David Villa y que hacen propia muchos futbolistas, como Tere Saurí. “Mis compañeras y rivales eran aviones. Por mucha lectura de partido que tuviera con 38 años, sabía que físicamente iba a padecer y antes me retiraba. La decisión fue la correcta y en el momento que tocaba. Terminé mi carrera siendo titular, importante y capitana”, admite. Pero tuvo la oportunidad de un último baile. Justo en ese momento el Colegio Alemán pasó a ser el Valencia CF y celebraron un torneo en la ciudad deportiva. El último balón que tocó, acabó en gol. Un final perfecto para una carrera que se convirtió en referencia para muchas otras.
Gracias por abrir el camino
Es imposible no acordarse de jugadoras como Tere Saurí cuando un equipo español o la propia selección española suma un éxito más, como ocurrió con la consecución del Mundial. “Nosotras [algunas de las pioneras] estábamos delante del televisor llorando y de repente Ivana Andrés nos hace una videollamada: ‘Chicas, esto es vuestro. La tenemos’. Esta mujer acababa de ser campeona del mundo y se acordó de nosotras. Es algo que siempre les agradeceremos, porque no solo lo dicen, también lo siente”, rememora. Las pioneras no se merecen menos. Las que rompieron techos de cristal, al demostrar que el fútbol no es solo cosa de hombres. Las que no miraron las condiciones: solo querían jugar y, casi sin saberlo, pusieron los cimientos para las generaciones de ahora. Gracias por abrir el camino.
Vía: Superdeporte
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