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Lo de Orriols sí que es una 'Finalissima'

El Levante, penúltimo clasificado, se juega la vida ante un Oviedo colista, pero que se sitúa a un punto de unos granotas que quieren reponerse de los golpes sufridos ante Girona y Rayo Vallecano para recortar distancia con la salvación

El equipo celebra el tanto de Espí en Vallecas.

El equipo celebra el tanto de Espí en Vallecas. / LALIGA

Rafa Esteve

València

Pocos partidos jugará el Levante tan trascendentales como el que afrontará contra el Oviedo en el Ciutat de València. Penúltimo contra último clasificado, es, sin duda, una 'Finalissima' en toda regla pese a la suspensión del España-Argentina. Cada vez la necesidad será mayor y lo puntos estarán más caros, pero, tras sufrir dos dolorosos reveses de manera consecutiva, y perder cuatro unidades en el último suspiro con injusticias arbitrales entre medias, el conjunto dirigido por Luís Castro aprieta los dientes con tal de conseguir un triunfo que despeje incógnitas y piedras en su camino hacia la permanencia en Primera División. Demasiadas, suficientes como para tirar la toalla, ha recibido el Levante a lo largo de su travesía, pero su coraza, a prueba de golpes, le lleva a seguir intentándolo desde el convencimiento de que el trabajo y la insistencia les terminará recompensando aunque, de momento, se sienta completamente frustrado por el desenlace de sus últimos acontecimientos.

Se esfumó la victoria ante el Girona, debido a un desvío desafortunado entre una maraña de jugadores defendiendo en el área, y frente al Rayo Vallecano por un gol de Pathe Ciss precedido de un control con la mano. Todo en el último suspiro. Con Orriols amarrando puntos vitales hacia la salvación que desaparecieron ante la rabia y e indignación de los granotas. El enfrentamiento ante el Oviedo, por ello, eleva los niveles de la trascendentalidad. Y más, por cómo el cuadro asturiano, sin hacer ruido, ya le pisa los talones a los levantinistas. La victoria del conjunto dirigido por Guillermo Almada ante el Valencia le coloca a un punto de distancia del Levante, y con la salvación a cinco de diferencia desde la perspectiva valenciana, que el coliseo de Orriols celebre un triunfo sería la señal de que no todo está perdido. De que aún queda oxígeno por exprimir. De que el corazón del Levante late sin miedo a avanzar y sin ánimo de detenerse.

La actitud, la energía y, sobre todo, la imagen del equipo en cada partido transmite viveza y cercanía hacia los puntos. No obstante, todo lo que no sea vencer al Oviedo se traducirá en un aumento de las probabilidades de descender a Segunda, escenario que absolutamente nadie se plantea. Sin embargo, Luís Castro saca pecho de un equipo resiliente, que se lame las heridas y mira al frente sin atormentarse por los tropiezos del pasado. “Cuando el Girona FC nos empató en el descuento me preguntaron también sobre si el equipo cree, pero los jugadores están bien. No es la primera vez que pasan cosas que no queremos”, dijo el portugués en sala de prensa, sin pasar por alto su descontento por cómo gestionaron, de forma desacertada, la ventaja numérica en Vallecas.

Aspecto a corregir

“No puedes jugar 11 contra 11 y ser mejor, con 0-1, y quedarte atrás y no hacer lo mismo. No puede volver a pasar. Soy el responsable número uno, y los jugadores ya conocen algo más para trabajar”. Pese a ello, no todo son grises en Orriols. Sin Elgezabal, Brugué, Carlos Álvarez por lesión, la buena noticia reside en la disponibilidad de Pablo Martínez, recuperado para la causa y dispuesto a liderar a los suyos hacia la permanencia. “Pablo está disponible para mañana. Si queremos jugar con él, podemos utilizarlo. Empezó a entrenar esta semana, ayer es la primera vez que hizo todo el entrenamiento, y hoy también. Pablo conmigo ha jugado siempre los 90 minutos, o casi siempre. Es un jugador que puede aportar, es muy bueno y aporta una solución”, comentó. Cualquier ayuda es poca para un Levante obligado a ganarle al Oviedo con tal de mantener viva la llama de la permanencia. Porque después de sufrir dos golpes consecutivos, y perder cuatro puntos valiosos en el último suspiro, Orriols merece una alegría que le permita seguir creyendo en la salvación.