El Levante despierta demasiado tarde y termina pagándolo caro
El conjunto dirigido por Luís Castro cayó derrotado frente a una Real Sociedad muy superior y a la que solo fue capaz de intimidar durante apenas 20 minutos

Real Sociedad-Levante. / Javier Etxezarreta / EFE
Rafa Esteve
Por mucho que existan dinámicas que inviten a la esperanza, y que sirvan de argumento para creer en hazañas prestigiosas y de difícil alcance, todo lo que no sea mantener los buenos resultados y, sobre todo, las positivas sensaciones, serán obstáculos en un camino cada vez más difícil de superar. Dicen que cuanto más se gana, más cerca se está de perder, pero el Levante, en puestos de descenso, no está en condiciones de dejarse puntos y, ni mucho menos, de no estar a las altura de las circunstancias a falta de un mes y medio para que finalice la competición.
Su derrota contra la Real Sociedad (2-0), muy superior durante gran parte del encuentro, supone un paso hacia atrás y una oportunidad perdida por quedarse en Primera División. Si los niveles de intensidad no son elevados desde el primer momento, las posibilidades de no salir victorioso serán demasiado altas, tal y como sucedió en el Reale Arena. La probabilidad de permanencia vuelve a tambalearse tras la pobre imagen de un equipo incapaz de interpretar lo que demandó el encuentro, que fue por detrás en el marcador desde la primera media hora y que, cuando detectó los puntos débiles de su adversario, intimidó durante 20 minutos: los correspondientes desde la entrada de Iván Romero en el 60' hasta que Brais Méndez sentenció la contienda en el 80'.
Pareció, según lo acontecido en la primera mitad, que las urgencias y la necesidad de puntuar residieron en el bando que no se juega la vida en lo que queda de competición. Todo lo sembrado en el mes de marzo cayó en saco roto durante el primer asalto, ante un Levante incapaz de descifrar el juego de una Real Sociedad inmersa en zonas interiores y dispuesta a agitar a su rival mediante transiciones veloces. Guedes, el más dinámico en el combinado local, detectó a Miker Oyarzabal para que el internacional español, topándose con el palo, mandase una declaración de intenciones a los diez minutos del comienzo del encuentro. Una advertencia que no puso en alerta a un Levante al que le costó tener posesiones de calidad y que, ante la acumulación de gente por dentro, se vio obligado a jugar balones largos dirigidos a un Carlos Espí indetectable.
La incisiva presión de Jon Martín y Caleta Car sobre el ‘19’ provocó estrés en un combinado granota sin soluciones. Y, entre tanto aturdimiento, fue la Real la que encontró el premio del gol. Antes, Toljan le sacó a Barrenetxea un balón bajo palos y Olasagasti, desde fuera del área, ejecutó el primer disparo del equipo en el ecuador del primer tiempo. Sin embargo, fue Jon Martín quien pasó de desquiciar a Espí a perforar la portería de Ryan, cabeceando un centro desde la esquina de Carlos Soler y ayudado por el bloqueo de Oyazarbal sobre el meta levantinista. Cuando más desubicado pareció estar el Levante, más cerca estuvo de empatar. Además, de forma casi inmediata, gracias a un disparo de Tundé que, tras un ligero desvío de Remiro, no impactó por milímetros Víctor García.
No obstante, fue un espejismo. La superioridad de la Real Sociedad fue tan dominante que la mejor noticia fue el marcador con el que se llegó al descanso. Tal fue el asedio que Luís Castro intentó encontrar soluciones al descanso. Metió a Pablo Martínez por Iker Losada, sentó a Matías por Matturro para protegerlo de su tarjeta amarilla y, minutos después de la reanudación, introdujo a Iván Romero por Tundé. Hasta que no entró el ‘9’, el Levante siguió amordazado y aguantando a duras penas para que el luminoso aumentase su renta a favor de los locales. Voló Ryan para desviar un tiro lejano de Soler a la escuadra y Susic se topó con el larguero.
Pese a ello, la entrada de Iván Romero desatascó a los suyos en ataque y dinamizó los movimientos del Levante en las proximidades del área de Remiro, amenazando con la presencia de Carlos Espí y los centros envenenados de Víctor García. Entre tanto, los granotas pidieron penalti después de que Sergi Gómez impactase sobre la pierna del ‘19’ levantinista dentro del área. No obstante, ni entró el VAR. Si no lo hizo en Vallecas, con lo clarividente que fue la mano de Ciss, menos ante una acción sancionable. Y, poco después, Pablo Martínez intentó un gol olímpico que escupió el larguero. El Levante estaba muy vivo, metido en la pelea por los puntos, pero, cuando más cerca estuvo del empate, con todo el equipo volcado en ataque, sufrió el 2-0. Despertó tarde y acabó pagándolo. Brais Méndez, en boca de gol, sentenció una contienda en la que el Levante solo compitió a lo largo de 20 minutos. Muestra de que así será imposible conseguir la salvación.
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