Más nubes que claros para la UD Las Palmas

Liga Hypermotion | UD Las Palmas - Sporting Gijón / José Pérez Curbelo
Martín Marrero
El Sporting llegaba a Gran Canaria como uno de los visitantes más débiles de la categoría (tan solo siete equipos peores a domicilio), por más que Luis García lo pintara en la previa como un rival temible fuera de casa. Después de 31 jornadas, los datos aplastan los relatos. En pocos minutos, fue evidente el motivo de que los sportinguistas solo hubiesen puntuado en seis de sus catorce viajes, con ocho derrotas. Su 5-3-2 de base, muy tendente al 3-5-2 con balón, les vale para acosar a los rivales en El Molinón, y sumar ocasiones para que Dubasin y Otero finalicen. Sin embargo, cuando juegan fuera, ese sistema deja unas autopistas a la espalda de los carrileros que Las Palmas aprovechó una y otra vez en la primera parte mientras el hispano-belga y el colombiano, más solventes como rematadores que partícipes del juego, quedaban aislados y desasistidos en punta. La primera clave explica el tempranero gol de Ale García atacando un espacio que Miyashiro vio en un ejercicio de rebeldía al desatarse de la banda derecha para aparecer por el medio en cambio propio y servir al canterano en profundidad. La segunda justifica que Horkas fuese antes del descanso uno más de los escasos 17.000 espectadores.
Borja Jiménez aprovechó el descanso para corregir las dos circunstancias de una tacada y provocar que la calma local de la primera parte diera paso a la hipertensión de la segunda. Es lo que tienen los entrenadores capaces de leer el juego e intervenir para modificarlo a favor. Quitó al central Vázquez e introdujo a Gaspar Campos como media punta para variar a un 4-2-3-1. Y el Sporting se hizo con el control del partido y de las oportunidades de gol, varias clarísimas, como las de Otero, Justin Smith, el propio Campos y Dani Queipo sucesivamente, lo que acabó con la paciencia del público.
Era difícil presagiar ese radical cambio de guion en la segunda mitad. O sí. Tras la tempestad interna de la semana, había asomado la calma de un resultado parcial favorable, el escenario ideal para un equipo más eficaz a la contra que mediante el dominio del balón. Pues no. Esta UD se empecina en causar más sufrimiento que alegría porque le cuesta administrar las ventajas debido a su crónico instinto conservador, algo que acaba aupando a los rivales hasta el extremo de que el juego se vuelca hacia la portería amarilla, como si el equipo se considerase infranqueable. Todo lo contrario: las líneas del mediocampo y la defensa evidencian más agujeros que un queso Emmental. La leyenda de conjunto rocoso se desvanece con la mera cronología de oportunidades rivales. La impermeabilidad se basa casi siempre en el portero.
Por eso, las pitadas mayoritarias acompañaron cada balón rozando la portería de Horkas y sus paradas milagrosas, una increíble a quemarropa de Dubasin en el minuto 88. Que, al acabar la agonía amarilla, los compañeros corrieran a abrazar al salvavidas croata mientras la gente coreaba su apellido bien puede resumir una contienda que aporta la calma de los tres puntos, para deja más nubes que claros.
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